INTRODUCCIÓN A LA PATROLOGÍA

 

A- Premisas:

La teología es histórica; si bien no se identifica con la historia tiene su origen en el espacio y en el tiempo, en las culturas y en las civilizaciones, en los caracteres y en las mentalidades. La teología es pensamiento humano, y las corrientes de pensamiento tienen su historia. Pero la “corriente de pensamiento” no es una realidad concreta; en cierto sentido, no existen corrientes de pensamientos; existen solamente pensadores.

Es por esta razón que en el curso trataremos de ver una panorámica de las corrientes del pensamiento patrístico mediante un resumen, ordenado cronológicamente, de los principales Padres y problemas que preocuparon a los pensadores de la época patrística. Para el estudio de la Historia debemos apoyarnos en un trípode:

·         El espacio --  Ubicación geográfica

·         El Tiempo--  Ubicación en el tiempo

·         La cultura  --  Características propias

Debemos distinguir entre la patrística que estudia el pensamiento teológico de los Padres, y la Patrología que se interesa por la obra, la vida y la doctrina de los padres.

La primera se ubica dentro de la teología y la segunda dentro de las materias históricas.

 

1. Quiénes son los Padres de la Iglesia y cuál su período

La paternidad según San Pablo: “Pues aunque hayáis tenido diez mil pedagogos en Cristo, no habéis tenido muchos padres. He sido yo quien, por el evangelio, os engendré en Cristo” (1Cor. 4,15).

Los muchos pedagogos son contrapuestos al único padre. Pero San Pablo se preocupa de limitar el concepto de procreación precisando: “Padre no es utilizado como título de honor sino que expresa el hecho de la transmisión de la vida con todas             sus manifestaciones (1 Cor. 4,17)”. Ya desde muy pronto a los Obispos se los designó con el título de padres en cuanto a maestros de la verdad revelada en Cristo. San Agustín, da el título de padre, por primera vez a un presbítero, llamando padre a San Jerónimo.

Progresivamente se va delimitando el concepto de padre, encontrando una formulación más precisa en un dominico del siglo XVI, llamado Melchor Cano, que vivió en España y murió en 1560. Señaló cuatro notas distintivas que debe reunir un autor para ser llamado “Padre de la Iglesia:

  1. Antiedad.
  2. Santidad de vida
  3. Doctrina ortodoxa.
  4. Aprobación de la Iglesia.

En una definición más amplia como la que da “Dei Verbum N·8”, puede hablarse de los Padres de la Iglesia como los profetas de la Palabra de Dios.

Resumiendo, un Padre de la Iglesia puede ser definido como un: escritor cristiano antiguo, ortodoxo e influyente.

 Concluida con el Apocalipsis de San Juan la revelación neotestamentaria, comienza “el tiempo de la Iglesia”, es decir, el tiempo en que la comunidad del creyente en Cristo, dispersa por el mundo, afronta las pruebas de la historia guiada por el Espíritu Santo.

En la dinámica muchas veces conflictiva de la existencia cotidiana, surgen problemas de diversa naturaleza que llevan a los fieles a buscar soluciones conforme a lo enseñado por el evangelio, especialmente en una época y en un ambiente, como fue en el que se desarrolló originalmente el cristianismo,  donde se multiplicaron las manifestaciones de hostilidad con la nueva religión.

Fue tarea especialmente de los Padres elaborar respuestas, que, por su autoridad, representan todavía hoy puntos de referencia obligados para la comunidad eclesial.

Los Padres fueron de hecho personajes casi siempre obispos, y por lo tanto con graves responsabilidades pastorales, que por la predicación y los escritos influyeron notablemente tanto en el desarrollo de la doctrina cristiana, como sobre la formación de las costumbres cristianas, uniendo en ellos las características constantes de la vida santa, de la obediencia y de la antigüedad.

Es común desde siempre, datar la era patrística desde el año 100 d. C. (Clemente Romano) a la mitad del siglo VIII (Juan Damasceno +749).

 

Con la muerte de San Agustín (+430) y con el concilio de Éfeso (431) y Calcedonia. (451) termina la edad de oro de la literatura patrística.

San Gregorio Magno (+604) y San Isidoro de Sevilla (+636).

 

2- La Literatura patrística.

La literatura que los Padres nos han dejado posee un carácter eminentemente práctico, cuanto que tratando cuestiones doctrinales y asumiendo un tono altamente especulativo, se presenta siempre como una literatura que responde a una situación determinada, que se propone responder a un problema determinado o modificar una situación.

Esta Literatura es muy distinta DE la literatura clásica, pues no nace como obra del escritorio de un intelectual para intelectuales, sino como “predicación” dirigida directamente al pueblo Ha terminado por modificar profundamente los instrumentos lingüísticos y literarios heredados del pasado.

Los Padres son hombres antiguos, educados en la cultura del mundo Grecorromano, de los que han sacado formas lingüísticas y pensamientos en los que han volcado el “vino nuevo” de la revelación.

Las lenguas principales son el griego y el latín. También hay obras literarias cristianas en otras lenguas menores, como el siríaco, el copto, el armenio, el etiópico, en las que se han conservado muchas veces, obras que se habían perdido en el original griego.

Los Padres vivieron y asumieron el gran desafío de la inculturación del evangelio. La inculturación no es una simple adaptación exterior, sino una transformación interior de los auténticos valores de las diversas culturas humanas integradas al cristianismo. (cfr. Puebla  385-393)

Inculturación (el prefijo in indica inserción) es la inyección de un mensaje, de una fuerza espiritual en una cultura, buscando transformar lo imperfecto, eliminar lo negativo de la misma y perfeccionar con un mensaje nuevo que responda a la necesidad del hombre formado en la misma. En otras palabras, es un proceso de evangelización mediante el cual, el mensaje cristiano es asimilado por una cultura de manera tal que a partir de los elementos propios de la misma, se forma el principio de inspiración que transforma, recrea y anima esa cultura, sin destruirla, ni sobreponerse o acomodarse.

La Iglesia, desde sus orígenes, vivió y vive en continuo proceso de inculturación al ponerse en contacto con diversas culturas como la judía, la griega, la romana, la armenia y otras a lo largo de la historia de la evangelización.

Volver a la historia primitiva de los primeros siglos nos serviría para resolver muchos problemas y conflictos. Así la inculturación inteligente e inspirada ayudará a una mejor ubicación del mensaje cristiano en las diversas culturas actuales.

Volver a los Padres significa redescubrir con ellos la metodología de la inculturación y la evangelización para acercase a Cristo, a los hombres de la cultura griega, romana y otras. Ellos nos enseñan a salir del aislamiento que actual­mente se siente en la Iglesia debido al progreso de sectas y líderes paganos que vacían los corazones. (Secularización)

 

3-Geografía Patrística.

Las áreas geográficas en las que han actuado los padres coinciden sustancialmente con el área que ocupaba el Imperio Romano, es decir, las regiones en torno al Mediterráneo. Se trata de una inmensa extensión que tiene como puntos extremos:

De oeste a este: España y la Mesopotamia  (Irak).

De norte a sur: Inglaterra y Egipto.

La Iglesia latina reconoce singularmente a cuatro grandes doctores: San Ambrosio, San Jerónimo, San Agustín y San Gregorio Magno.

La Iglesia griega reconoce tres grandes doctores ecuménicos: San Basilio Magno, San Gregorio Nacianceno y San Juan Crisóstomo.

 

4-Trabajos y Colecciones de Patrología.

Siendo la historia de la antigüedad cristiana una parte de la historia general de la Iglesia, todos los historiadores (cristianos) Eclesiásticos, quien más quien menos, se han ocupado de ello. En cuanto a la antigüedad, la fuente la tenemos en Eusebio de Cesárea (265), aunque no compuso obras específicas sobre los padres y sus escritos. Su “Historia” contiene noticias de mucha importancia sobre el tema.

San Jerónimo fue el primero que, a ruego del laico Dexter, compuso en el año 392  un catálogo detallado de los antiguos escritores cristianos y sus obras. Escribió el tratado “Dei Viris Ilústribus” que contiene 130 artículos Esta obra depende mucho de Eusebio.

Este catálogo es una base para trabajos en siglos posteriores.

En oriente, es digno mencionar al patriarca Fosio (+891) cuya biblioteca contiene doscientos setenta y nueve notas de autores y obras que el mismo había leído y que solo gracias a él son conocidas.

El primero de los trabajos de colección es el de las ediciones llamadas “Princep”  hecha por los eruditos del siglo XIV, tales como Erasmo.

El segundo es de las ediciones del siglo XVII y XVIII, obra de los Benedictinos de San Mauro, de los Jesuitas y de los Oratorianos, etc. Estas ediciones son las que con más frecuencia se citan.

La colección, que en la práctica ha venido a reemplazar a todas, es la de J. P. Migne “Patrologiae Cursus Completus”.

Esta colección consta de dos series:

A - La serie de los Padres latinos, que se extiende desde los orígenes hasta Inocencio III (1216) y tiene 217 volúmenes (París 1857-1866)

B - La serie de los Padres griegos, que alcanza hasta el concilio de Florencia (1431) y se compone de 162 volúmenes (París 1857-1866).

 

Divisiones de la Patrología

1.    Período: de los orígenes a la paz de Constantino (313).

2.    Período: del florecimiento y apogeo hasta la muerte de San León Magno (461).

3.    Período: de debilidad y decadencia, hasta el año 636 para occidente, y hasta el 750 para oriente.

 

5-Los Padres de la Iglesia en la cultura contemporánea

5.1- El Retorno a los Padres.

Encontramos una expresión famosa  del P. Henri de Lubac (“Catholicisme”), para tratar el tema central del libro. Propone buscar “en tesoro poco explotado de los padres de la Iglesia y aprender de ellos, puesto que son nuestros padres en la fe y han recibido de la Iglesia de su tiempo con qué alimentar todavía; a la Iglesia de éste, nuestro tiempo”. En esos mismos años nace el proyecto “Sources Chrétiennes”, puesto en práctica por los padres J. Danielou, de Lubac y Mondésert.

Otras colecciones se desarrollan en este período: la colección de la “Bibliothéque Augustinienne”, y un poco más tarde la de las “Lettres Chrétiennes”.

El movimiento tuvo una influencia profunda en el campo de la teología (como lo atestiguan las obras de los padres de Lubac, Hans Urs Von Balthasar y Congar, tan profundamente marcados por la tradición patrística).

Sobre todo el “Retour aux Perés” favoreció el “aggiornamiento” de la Iglesia en los tiempos del Vaticano II y en el postconcilio. Los Padres tienen valor para nosotros no solo en cuanto escritores y personajes de nuestra historia, sino en tanto que fueron portadores de la expresión de la fe.

5.2 Aporte de los Padres a la Cultura

Nuestras sociedades occidentales, bajo muchos aspectos, corren el riesgo de verse poco a poco separadas de sus fuentes remotas. Lo que está en juego es la identidad que, paradójicamente, sólo se mantiene viva y creativa a condición de no perder contacto con sus raíces: una civilización sin memoria sería una civili­zación sin porvenir. Y la obra de los padres debe ser reconocida como una fuente fundamental de nuestra cultura.

La especificidad misma de su fe los conduce a espléndidas creaciones: la exégesis de los libros santos nos han valido las homilías de Orígenes y de Gregorio de Nisa, sobre el “Cantar de los cantares”; la oración eclesial ha inspirado los himnos de San Ambrosio y el desarrollo de la poesía cristiana. La conversión de San Agustín ha suscitado la deslumbrante obra maestra que son las “Confesiones”. Hay que reconocer que los Padres de la Iglesia, por su manera de retomar o transformar algunas heren­cias del mundo grecorromano, supieron preservar la Revelación Evangélica de un “Dios hecho hombre” y no se avergonzaron de anunciar la “Locura de la cruz”. Los más grandes entre ellos comprendieron en todo caso que el cristianismo no se deja subordinar a una cultura determinada y hubiera podido explicarle la paradoja que la “Carta a Diogneto” enunciaba a propósito de los cristianos: “Viven cada uno en su propia patria, pero como extranjeros domiciliados... Toda tierra extranjera es para ellos una patria y toda patria una tierra extranjera.”

5.3- Los Padres en la vida de la Iglesia.

Ante la imposibilidad de subrayar todos los aspectos de la contribución de los Padres, nos  limitamos a tres campos particularmente importantes:

1 - La relación con la Sagrada Escritura.

2 - El diálogo ecuménico.

3 - La elaboración de la teología en un contexto de pluralismo cultural.

“La obra de los Padres es el diario íntimo que la Iglesia escribió cuando tenía diecisiete años” (Urs Von Balthasar).

 

6- El estudio de los Padres.

Finalmente, antes de comenzar con la primera parte de nuestro programa es bueno que nos preguntemos ¿Qué sentido tiene leer y estudiar a los Padres hoy? ¿Qué sentido tiene retornar a ellos?

El retorno a la Biblia es obligatorio y legítimo, porque es la Palabra de Dios. La palabra de los Padres es por el contrario palabra humana. Y por lo tanto ¿qué sentido tiene el estudio de los Padres?  La constitución conciliar “Dei Verbum” habla de los padres como período privilegiado de la tradición; ellos manifiestan la tradición, son portavoces del pensamiento de la Iglesia que “en su doctrina, en su vida, y en su culto perpetúa y transmite a todas las generaciones todo lo que ella misma es y todo lo que ella cree. La enseñanza de los Santos Padres testifican la presencia viva de la tradición, cuyos tesoros se comunican en la práctica y en la vida de la Iglesia creyente y orante”. (D. V. Nº 8).

La fe cristiana se inserta en una tradición cultural que se remonta hasta los Padres; ella se expresa con esquemas y formas que los Padres alimentaron y que nosotros consideramos válidos para siempre. (Conf. Congar: Tradición y vida de la Iglesia, Pág. 29 y 38)

Insistir sobre la medida con que la Patrística ha promovido el desarrollo del pensamiento teológico parece superfluo. Basta recordar algunos nombres de los Padres, de Tertuliano a Ireneo, de Orígenes a los Capadocios, de Ambrosio a Agustín, de Máximo Confesor a Juan Damasceno, para darnos cuenta de cómo la obra de los Padres cubría un área bastísima: de la doctrina Trinitaria a la Cristología, a la antropología, a la Eclesiología, a la doctrina de la Gracia y los Sacramentos a la escatología.

Además de ellos viene el canon de las escrituras, la “regula Fides” y el símbolo bautismal constituido de la fe en Dios Trino y de la Iglesia con el juicio y la resurrección de la carne; la estructuración esencial de la liturgia como proclamación de la palabra de Dios, profesión de fe, y representación de los miste­rios; el sentido de la responsabilidad racional en la confrontación de la fe.

Sin olvidar las grandes conquistas en el plano moral, como por ejemplo el respeto al hombre no nacido  todavía, por el neonato deformado, por los pobres y los enfermos, el uso de los bienes, la universal igualdad de los hombres. La época de los Padres es el momento histórico de la juventud de la Iglesia. Dice Congar que “es el período en el que se definen las bases de un carácter, con el que se vivirá toda la vida.” (Les Saints Peres, Organes privilégies de la tradition)

El estudio de los Padres y su importancia la descubrimos por el gran interés que los Padres han suscitado en hombres que actuaron en primera línea en la renovación de la teología. Ej. Henry De Lubac, Hans Urs Von Balthasar, Hugo Rahner, Yves Congar, Jeans Danielou y otros.

El nombre De Lubac y de Danielou permanecen ligados a la colección de los Padres de la Iglesia “Sources Chretiennes” que juntos fundaron en 1942 y que es juzgada “Uno de los fenómenos extraordinarios del universo católico de hoy”. (Von Balthasar en “II Padre Henri de Lubac, la tradizióne fonte di rinovamento”.) Debemos estudiarlos y tratar de leerlos en un clima de oración y no de curiosidad.

 


PRIMERA PARTE

 

LOS PADRES DE LA IGLESIA EN LA EDAD DE LAS PERSECUCIONES.

(S. I-III)

 

            En el año 70 la profecía de Jesús se había realizado: del Templo no había quedado piedra sobre piedra, los romanos habían destruido Jerusalén.

Pero la nueva religión con algunos miles de cristianos permanecía viva. Esta nueva religión no podía ya aparecer como una herejía judía, desde el momento que sobrevivía y prosperaba mientras que la ciudad y la nación hebrea desaparecían y se dispersaban.

Para sobrevivir debía realizar un cambio decisivo; nosotros seguiremos a la Iglesia en este cambio, en sus luchas por liberarse de los falsos mesianismos en favor de una perspectiva radicalmente nueva. La veremos atacada desde el exterior y mucho más peligrosamente desde adentro.

Y por un cierto período, muy difícil, la veremos sin grandes “líderes”, cuando ya los apóstoles, sus fundadores, habían desaparecido de la historia. Justamente habían llegado al momento de los grandes “líderes”.

 

I - LOS PADRES APOSTÓLICOS. Directos continuadores de la obra de los apóstoles.

Suele llamarse Padres Apostólicos a los autores de los escritos más antiguos (fuera de los que constituyen el Nuevo Testamento), que pertenecen a la generación inmediata a los apóstoles. En su mayor parte son cartas, instrucciones o documentos de carácter muy concreto y ocasional. No hay en ellos pretensión de exponer de manera ordenada o sistemática el mensaje cristiano, sino que responden a determinadas exigencias concretas de las cristiandades de un determinado momento. De ahí que predominen los temas más bien morales, disciplinares o culturales, sobre los propiamente dogmáticos, y que su contenido doctrinal no aparezca como muy rico o profundo. Sin embargo, se insinúan algunas de a que habían de ser líneas fundamentales de pensamiento cristiano: la Iglesia fundada sobre la tradición de los Apóstoles, claramente diferenciada del judaísmo y con cierta organización cultural y administrativa; el valor soteriológico de la encarnación y muerte de Cristo, hijo de Dios; el bautismo y la eucaristía como sacramentos fundamentales.

El nombre de Padres Apostólicos fue dado por primera vez por J. B. Cotelier, en 1672  cuando publicó, en París, la edición más antigua que poseemos de los Padres Apostólicos.

Los Padres Apostólicos son unos diez, la mitad de sus escritos son cartas (Clemente Romano, Ignacio de Antioquía, Policarpo de Esmirna, el Pseudo-Bernabé), la otra mitad son trabajos doctrinales y disciplinares (La Didakhe o Doctrina de los doce Apóstoles) La segunda Clementis, Papías de Hierópolis, El Pastor de Hermas, El Símbolo de los Apóstoles.

Algunos de estos escritos, particularmente la I Carta de Clemente Romano, la carta de Bernabé y el Pastor de Hermas, parecen que llegaron a tener en ciertas cristiandades una autoridad y consideración análoga a la de los escritos apostólicos que incluyen en el canon del Nuevo Testamento.

 

1- El Ambiente Histórico de la Iglesia Primitiva.

El espacio de los dos mil años que nos separan de los primerizos de la cristian­dad, los hacen de difícil acceso para nuestra comprensión y entendimiento, si no entramos por el pórtico frontal de la contemplación histórica.

A)  La Diáspora 

B)  Condiciones exteriores de la misión primitiva.

Unidad política jurídica y administrativa

Vías de comunicación, terrestres y marítimas

Idioma: Koiné: griego universal

Descomposición de la antigua sociedad aristocrática romana y la progresiva igualdad de los derechos cívicos entre la capital y las provincias.

Política de tolerancia del estado hacia todas las religiones extrañas “Panteón” (con tal que se subordinen al culto central)

La libertad de asociación (pronto limitada) y la organización administrativa y militar del imperio, que sirvió de marca para la primitiva organización eclesiástica.

El desprestigio en que habían caído las antiguas religiones y las especulacio­nes filosóficas cada vez más extravagantes, esto había despertado la nostalgia de “Soteres”, salvadores.

 

Conclusión:

Un Imperio, un idioma, una red de comunicaciones, una civilización, una tendencia general religiosa hacia la idea de un solo Dios, y el deseo universal de un salvador.

No obstante, todos estos factores tenían un aspecto negativo. Un trágico conflicto nació para la joven Iglesia, de la teoría metafísica religiosa del Estado Romano.

El Estado Romano aspiró a ser más que Estado; anticipándose a la teoría hegeliana, pretendió ser la realización política de la Divinidad en el mundo visible. Este es el hecho esencial para las relaciones entre el Estado romano y la Iglesia Católica. Se desarrolla todo un culto a la persona del emperador, y negar este culto es alta traición Los cristianos no rechazan ni la persona ni la dignidad imperial. La piedad y obediencia hacia el augusto soberano era objeto constante de la educación moral cristiana. Los Padres Apostólicos dan fe de ello (I Clementis 60 y 61), pues fue esta una tradición inalterable de la Iglesia.

La Iglesia primitiva supo evitar los dos extremos por igual  condenables:

A)  El desprecio de la autoridad civil, característico de muchas sectas.

B)  La adoración del Estado, peligro aún mayor y más letal.

La lucha de la Iglesia contra el ambiente religioso  de los primeros siglos, contra el gnosticismo tuvo alcances trascendentales; se luchaba por la sustancia misma de la religión cristiana “católica”. Las huellas de esta Lid las hallamos en todos los escritos de la era apostólica, del siglo II y aún del siglo III. El significado del triunfo de la Iglesia sobre tan ingenioso y tenaz adversario se puede sintetizar en los siguientes puntos:

  1. No al sincretismo. El sincretismo se asimila, no  lucha.
  2. Preservar al cristianismo del peligro mortal de adaptarse al ambiente religio­so dominante en el Imperio, y perder su propia integridad. Para conseguir este éxito, cuatro momentos decisivos:

A)  La unión espiritual con la tradición del Antiguo Testamento. (Escritura)

B)  La indeclinable defensa de los fundamentos apostólicos. (Tradición)

C)  El rechazo categórico de influencias espirituales heterogéneas. (Autonomía Espiritual)

D) La organización eclesiás­tica fundada en la autoridad episcopal, en cuanto los obispos son sucesores de los apóstoles y guardianes del depósito de la fe. (Magisterio)

3.  Sacar a la luz más claramente el carácter del dogma cristiano teniendo  por su fuente la revelación divina, y no especulaciones humanas. (Nace la Teología)

4. Demostrar la catolicidad de la Iglesia de Cristo como una de sus características esenciales, (rechazando toda distinción entre personas y grupos (Hch.15, 9ss), estable­ciendo la universalidad de la predicación evangélica

 

A - Las primeras persecuciones y el gnosticismo.

Agripa (hechos de los Apóstoles (37-44)--12,23) Tiberio (14-37) Persigue a la Iglesia de Jerusalén Claudio (41-54) Santiago (Hech. 12,2) S. Pedro (Hech.12, 3) En el año 64, Roma es incendiada.

Nerón acusó a los cristianos no solamente para buscar un chivo expiatorio, sino probablemente también para poner fin a los desórdenes de tipo mesiánico provocados por ciertos elementos judeocristianos que eran muy turbulentos para el gusto del gobierno imperial (“odium generis humani” - “supertitio il licita, nova, malifican “christianum esse nolicebat”.

Hacia fines del siglo se registró un mesianismo más judío que cristiano motivado por  el tema de la segunda gran persecución imperial bajo Domiciano. A estos problemas externos se sumaron los de orden interno ya que el cristianismo se debatía entre un mesianismo terrenal o la esperanza de una segunda venida celeste.

 

1.1 - El Mesías terreno.

Por un instante la  Iglesia naciente pareció vacilar entre el viejo y nuevo testamento. Como un niño, la Iglesia debió aprender a caminar a tientas, mirando en todas las direcciones y provocando cada cosa. El hecho de haber estado instituida por Dios, la preservó de aprobar los errores y misteriosamente la guió en su búsqueda de la verdad, pero no la libró del esfuerzo doloroso para entender y expresar correctamente (y muchas veces infaliblemente) la verdad confiada por Jesús. Era perfecta y madura en cuanto a institución divina, pero también era humana y siendo pequeña se aferró a todo, viejo o nuevo.

En el año 67 para huir de los romanos, un grupo de cristianos dejó Jerusalén para refugiarse en el norte.

Después de la masacre de sus compatriotas retornaron y quedaron esperando que Jesús viniese a salvarlos con armas y un ejército.

 

1.2 - Una segunda venida celestial.

Mucho más al norte de Asia (hoy Turquía), cuando el  mesianismo terreno afortunadamente había pasado y en cambio se lo esperaba sobre las nubes, triunfó esta concepción: que es la ortodoxa, pero se esperaba que esta llegada celestial fuera inmediata. El mismo Pablo al inicio la expresaba así, al no ocurrir la esperada llegada surge la decepción, nace para los más débiles de espíritu la desesperación, y de la desesperación nace el “gnosticismo”.

El gnosticismo cristiano es aquella herejía que enseña  que algunos miembros de la iglesia vivieron de la fe, y otros de la visión, (conocimiento), en contraposición a la fe, conjetura e incertidumbre. Tiene sus raíces profundas en una cierta forma de judaísmo, y comprende algunos elementos dualistas de la filosofía griega. Los gnósticos insistían en el hecho de que la mayoría de los hombres creen en el misterio de la fe, mientras que sólo una élite logra penetrar en el sentido. Esto es herético, porque ningún cristiano puede penetrar en el sentido de los misterios cristianos.

Un obispo y un niño, viven la misma vida sobrenatural de la fe.

El gnóstico cristiano puede ser caracterizado por cuatro puntos principales.

 

A) El Dios del Antiguo Testamento es un dios malvado, ha desatendido nuestra esperan­za. El A. T. debe ser rechazado.

B)  El mundo visible es malvado, pues es la creación del dios malvado

C)  El Dios de Cristo es bueno, estuvo escondido hasta que se reveló en  Cristo que es un redentor casi mítico de repercusión casi cósmica;

D) El mundo espiritual es bueno, es la creación del Dios bueno revelado en Jesús.

 

El gnosticismo se manifiesta plenamente después de la caída de Jerusalén (70 d.). A los cuatro puntos ya mencionados, se agrega la idea de que Jesús había nacido simplemente hombre como todos los demás y que Cristo no habría descendido en él sino hasta el momento del bautismo en el Jordán.

Inmersa en la herejía gnóstica, la Iglesia pequeña tenía verdaderamente necesi­dad de grandes “lideres”. Prácticamente los apóstoles habían desaparecido; Dios hace surgir verdaderas “columnas de la ortodoxia”. El pueblo de Dios tendrá sus grandes líderes, herederos de Abraham y de Moisés.

 

 B - San Clemente Romano: El primer Padre de la Iglesia.

San Ireneo sostiene que Clemente había visto a los apóstoles, había mantenido contacto con ellos y su predicación resonaba en sus oídos y su Tradición estaba delante de sus ojos.

Clemente vive en la segunda mitad del primer siglo, gobiernan la diócesis de Roma como tercer obispo entre los años 92-101; según Eusebio de Cesárea (los anteriores, Pedro (25-67), Lino (67-76), Cleto (76-88), escribe como portavoz autorizado del grupo de obispos y diáconos que gobiernan colegialmente la Iglesia de Roma. Poco antes del año 100 (entre los años 95-98, fines del gobierno de Domiciano al principio del de Nerva) escribe una “Carta a los Corintios” que es importante fundamentalmente porque nos hace llegar una descripción de cómo la Iglesia primitiva de Roma era gobernada por un obispo reconocido como primero entre los presbíteros y jefe de los diáconos. La carta es importante también por su testimonio del martirio de Pedro y Pablo en Roma. El tono de la carta es la unidad del cuerpo de Cristo por medio de la obediencia. A pesar de la distancia que hay entre Roma y Corinto, el tema de la carta manifiesta autoridad. El autor se sabe escuchado. El estilo de Clemente es uno de los primeros indicios de que la comunidad cristiana ortodoxa había tenido maestros y guías en su infancia.

Bajo el nombre de Clemente tenemos una homilía que es posiblemente de un autor sirio. Fue escrita en torno del 150 d. C. y es, por tanto, la más antigua homilía cristiana que ha llegado hasta nosotros. Contiene una exhortación del ejercicio de la castidad dirigida a los recién convertidos en el marco de la liturgia de la iniciación bautismal.

 

C - La Didaje: La más antigua constitución eclesiástica:

La mayor información sobre la liturgia del cristianismo de los primeros tiempos que se nos ha transmitido es “la Didaje” o”Doctrina de los doce Apóstoles”.

En 1875 Filoteo Bryennios que fue luego metropolitano de Nicomedia, dio noticias de que en un manuscrito de Constantinopla había descubierto el texto íntegro de la Didaje, En 1883 lo publicó bajo el título de “Doctrina de los Doce Apóstoles, del manuscrito gerosolimitano, publicada ahora por primera vez”.

La obra anónima presenta rasgos de gran antigüedad, por lo que en la actualidad, el criterio casi unánime de los estudiosos acepta el argumento que le asigna los últimos décimos del siglo I, siendo así un texto más antiguo que los mismos sinópti­cos. De hecho este pequeño manual de catequesis para  la comunidad contiene noticias realmente sorprendentes.

 

División del Texto

I   - Caps. I-VI:     Catequesis Moral.

II  - Caps. VII-X:   Instrucción Litúrgica.

III - Caps. XI-XV: Disciplina Eclesiástica

 

En síntesis:

 “La Didaje” puede ser definida como un verdadero y propio bosquejo de manual de derecho canónico y de instrucciones litúrgicas. Por su alto valor moral y formativo, en el siglo IV Atanasio de Alejandría aconsejará su lectura como particularmente útil para la catequesis de los catecúmenos.

 

D - La Carta de Bernabé.

 Es uno de los escritos más singulares de la antigüedad cristiana. Sin ella nos faltaría un documento principal sobre la historia de la primitiva  Iglesia del judaísmo y las tentativas de recuperación realizadas por la sinagoga entre las dos catástrofes del año 70 y del 135.

 

 

 

Rebeliones (6 d.- 132d.c)

1º Rebelión:

En el año 6 Quirino, legado de Siria mandó hacer un censo de Judea como provincia Romana. Este censo provocó un gran descontento en el pueblo y tuvo como consecuencia una rebelión encabezada por Judas el Galileo y un fariseo llamado Sadoc.

La rebelión fue implacablemente sofocada. Esto dio origen a un grupo de acérrimos nacionalistas: los Zelotes.

Las sublevaciones que se iban a producir en los años 66-70 y 131-132, serán los dos momentos más trágicos de la historia de Israel, fueron provocados por la intran­sigencia de los Zelotes.

1° Persecución: (37-44)

Agripas I, sobrino de Herodes el Grande, por su celo judío que trataba de demostrar para borrar sus costumbres paganas, pronto entrará en conflicto con los cristianos y desatará la primera persecución que sufrió la naciente Iglesia de Jerusalén, causa de la muerte del apóstol Santiago (Hch. 12,2) y de la prisión de S. Pedro (Hch.12, 3).

2ª  Rebelión: (66-70)

Agripa II. Roma nombra prefectos romanos para administrar Judea. Bajo estos prefectos comienza a gestarse la gran rebelión del 66. Los zelotes toman la fortaleza de Masada. Vespasiano avanza desde Galilea y fue sometiendo todo el territorio camino de Jerusalén. En el 68 muere Nerón, Vespasiano va a Roma donde será coronado Emperador (70-79) y deja a su hijo Tito encargado de continuar la lucha contra Judea, contaba con 29 años.

El 6 de agosto es incendiado el Templo (año 70). Después de quinientos ochenta y cinco años de reedificado y mil después que Salomón construyese el primer Templo, el segundo había dejado de existir y nunca más será levantado.

La rebelión fue encabezada por el zelote Simón bar Giora. Después de la muerte de Tito (79-81) se levanta el arco triunfal que hoy se puede ver. Masado cae en el 73. Con la muerte de Agripa II, cerca del año 100 se extinguió el último de los Asmoneos y Herodianos.

3° Guerra Final: (132)

Adriano Emperador (117-138) hizo reconstruir a Jerusalén como una ciudad helénica. No reconstruyó el templo como aparentemente lo había prometido, prohibió la circuncisión. Estas disposiciones provocaron una nueva rebelión: el caudillo fue Bar Kokebah (hijo de la estrella). Después del proceso lo llamaron Bar Kozibah (hijo de la mentira). Por cantos encontrados en 1960 se sabe que su nombre verdadero era Simón Bar Kozibah. La sublevación se produce en 132. Aplastada la rebelión los romanos reconstruyen Jerusalén con el nombre de “Aelia  Capitalina” (honrando al emperador Alegues Adrianes y a Júpiter Capitolino).

En el lugar del templo se levantó un altar a Júpiter y sobre el Colgóla y el S. Sepulcro se erigió un templo a Afrodita. El territorio Judío pasa a ser provincia romana, se la llamó Palestina durante más de 18 siglos.

 

135    - Dejó de existir el estado Judío.

1948 - Creación del estado Judío.

1967 - Se recupera Jerusalén.

 

 Retornando a la “Carta de Bernabé”, éste es un escrito anónimo de fines del siglo I y de los inicios del siglo II, cuyo autor a toda evidencia es un doctor acreditado de la Iglesia Egipcia y que no es del apóstol ni de un compañero de Pablo.

En la carta que es una larga homilía sobre el uso cristiano del Antiguo Testamento, el autor culpa a los judíos de su incapacidad de entender correctamente las profecías del A. T. relativas a la venida del Mesías, que los ha llevado a rechazar la predica­ción de Cristo. Él es la clave del Antiguo Testamento.

 

E - El Pastor de Hermas y el problema de la penitencia.

 Este escrito nos ofrece uno de los problemas en que se debatió la comunidad romana en la primera mitad del S. II. Se habría escrito en distintos períodos que van desde el 115 hasta el 145.

 En la gran metrópolis corrupta, la capital del imperio, los cristianos que componen la pequeña comunidad del lugar, no siempre se mostraron a la altura de la situación y algunos después del bautismo, caían nuevamente en pecado, y esto hace surgir una cuestión: ¿qué hacer en estos casos? Y surgen distintas opiniones: 1º Los rigoristas: afirman que quien ha traicionado las promesas bautismales, ya está condenado.

Hermas: se pone de parte de los “heridos”, y se hace su portavoz. La solución del pastor (hermano de Pió I) es la que perdurará en la práctica de la Iglesia es de alguna manera la práctica sacramental de la penitencia y reconciliación para la salvación de los pecadores arrepentidos y no sólo una vez en la vida sino cada vez que necesite reconciliarse con Dios y con la Iglesia.

 

F - San Ignacio de Antioquía.

            Voz viva de una experiencia religiosa, meditada y dolorosa.

En el camino que de Siria conduce a Roma, se nos trasmite la experiencia entusiasta de Ignacio, el Obispo de Antioquía que en los primeros años del S. II es llevado encadenado a Roma para ser dado como pasto a las fieras del circo. A lo largo del camino y para con los que no puede encontrar personalmente trata de tener contacto mediante un mensaje epistolar: de aquí nacen las famosas siete cartas (se discute la autenticidad de estos documentos) en las cuales deja su testamento espiritual. Las cartas se transforman en algo así como  un diario de viaje y un diario espiritual.

En la carta se desarrollan sobre todo tres temas característicos de la espiritualidad y de los intereses de la personalidad de Ignacio.

 

  1. Contra los que sembraban discordia en la comunidad cristiana, Ignacio reafirma vigorosamente y repetidamente el rol insustituible del obispo, signo de la unidad de la Iglesia local y promotor de la santidad de sus miembros. Ignacio es el primer “teólogo cristiano”que haya elaborado una doctrina de contornos muy marcados sobre el rol del Obispo en la comunidad cristiana. Es el primer teórico de episcopado “monárquico”.
  2. Contra los que siembran dudas sobre la realidad de la encarnación de Cristo, afirmando que esto fue solamente aparente. Tenemos aquí las primeras manifestaciones de aquella doctrina herética que será mejor conocida con el nombre de “docetismo” (del verbo griego “do kein” que significa “apariencia”). Ignacio defiende que el Señor ha asumido una verdadera carne y ha verdaderamente padecido en la cruz, de otra manera la redención no existiría y nuestra fe sería vana. Y en contra de los ebionitas destaca la divinidad de Jesús.
  3. Pero sobre todo, Ignacio se encomienda a los cristianos de Roma, que ya eran activos en la corte imperial, para que no hagan nada para impedir que él afronte el martirio, pues así será verdaderamente “discípulo” y verdadero “imitador” del Señor, ofreciéndose a sí mismo como “trigo de Dios” entre los dientes de las bestias.

 

Su espiritualidad.

¡“Qué luz tan grande nos faltaría, escribe el P. Batiffol, si no se conservaran por ejemplo las epístolas de Ignacio de Antioquía”.! Nos faltaría un anillo de la cadena que va de Pablo y Juan a Orígenes y Agustín.

 Ignacio mártir es una prueba viva de que el cristianismo o es místico o no es nada, a lo más organización, que, no porque se haga en nombre de Dios ha de ser forzosamente perpetua, ni sobre todo fecunda.

 Cristo llena el alma de Ignacio. Cristo Jesús no sólo es principio y fuente de la vida, sino, psicología y sobrenaturalmente obsesión de la vida. El alma de Ignacio está obsesa de Cristo (Phil. VIII, 2). Pero acaso más que en ninguna otra, en la carta a los esmirniotas, de tan rico fondo Cristológico. Aquí hallamos también la fórmula imperecedera, en que se identifica a Cristo con la Iglesia Católica y a ésta con Cristo. (Smyrn. VIII, 2)

 Bien pudiéramos aplicar a la Iglesia, lo que de todo creyente dice Ignacio respecto de Jesucristo: “Él es nuestro vivir inseparable”.

 Interesó averiguar qué significa la mística de Cristo para la santificación del alma. Para Pablo, “Cristo se ha hecho sabiduría para nosotros, sabiduría que viene de Dios, justicia, santificación y redención, a fin de cómo está escrito”: “el que se gloría que se gloríe en el Señor” (I Cor.1, 30ss).

 Texto capital, en su primera y última parte, para la inteligencia de la santidad cristiana. Un texto tan cortante que dijera que Cristo Jesús es nuestra santificación, no lo hallamos en Ignacio de Antioquía pero es evidente que para él toda nuestra santificación viene de Cristo y se cumple por y en Cristo. La fórmula es tan frecuente en él como en su maestro Pablo.

 Por otro lado “acaso ningún autor de la antigüedad cristiana inculca con tanta frecuencia la importancia de Cristo, como Ignacio de Antioquía”. Quastem.

Todo se adora y profundiza si a la idea de imitación, juntamos la otra, tan capital de la inhabitación            de Cristo en el alma (Ef. XV, 1-3)

 La mística de Cristo no degenera jamás en Ignacio de Antioquía en solitario individualismo. Quien identificó a la Iglesia Católica con Cristo (Smirn VI 11,2) tiene que sentir la mística de la Iglesia como mera expansión de la mística de Cristo. La Iglesia, en efecto, “está compenetrada con Cristo como Jesucristo con el Padre” (Ef. 1,1).

Identificó a la Iglesia con el altar: Ef. V, 2; Trall VII, 2. Identificó a la Iglesia con el amor: Trall XIII; Rom IV, 3.

 La fórmula no se impone de manera absoluta, pero ello no quita que el ágape sea elemento tan esencial en la Iglesia, que los hermanos de Troas puedan por dos veces ser identificados por su caridad. (Philod. XI, 2)

 

La Mística de la jerarquía.

Esta obediencia es para él no sólo símbolo, sino camino de nuestra unión con Cristo y con el Padre. Apartarse de la unión con el obispo, presbíteros y diáconos, es para Ignacio apartarse de Cristo. Y un poco después, sin género de duda, quedan indisolublemente ligados jerarquía y eucaristía (Smirn VIII, 1). Y lo mismo eucaristía que el bautismo (VIII, 2) y el matrimonio (Polyc V, 2). La mística de la jerarquía culmina con la vida sacramental de la Iglesia.

 La eucaristía misma para Ignacio era una fuente de vida mística (Rom VI 1,3- IV, 1)

Toda la mística de las supremas realidades cristianas culmina en la mística del martirio. Mártir =Cristo (Mag.V, 2; Ephe 111,1; Rom IV.3)

Hay también un texto preciso en el que apunta a la virginidad, a la mística de la virginidad, (Polyc.V, 2).

Lo que no aparece en ningún lado en Ignacio es que la perfección se ligue a estado alguno en la Iglesia. (Magn.1, 1).

 

Conclusión:

 En los escritos de los Padres Apostólicos hemos encontrado prácticamente todas las cuestiones referentes a la organización interna de la comunidad cristiana del tiempo. Ellos tratan con autoridad los problemas de la disciplina litúrgica, del poder eclesiástico de la jerarquía, de las normas de conducta moral, de la doctrina justa (en griego “ortodoxia”) interviniendo en los distintos ámbitos con reconocido prestigio para establecer reglas de comportamiento, sostener la fe vacilante, poner en definitiva orden en situaciones que tienen el riesgo de transformarse en caóticas e incontrolables.

 Hemos detectado tres frentes con los cuales el cristianismo naciente, de los primeros siglos, ha tenido que combatir para lograr su autonomía ideológica y su libertad política:

- La polémica con el Judaísmo.

- La autoridad imperial de Roma.

- La controversia contra las herejías.

 

G - San Policarpo de Esmirna

 Los testimonios sobre este ilustre personaje de la Iglesia primitiva son los que nos ofrecen Ireneo de Lyon y Eusebio de Cesárea. Por el primero sabemos que Policarpo “no solo fue discípulo de los apóstoles y vivió con muchas personas que habían visto al Señor, sino que fue también establecido por los apóstoles para el Asia como Obispo de la Iglesia de Esmirna.”

 Nosotros lo vimos -dice Ireneo- en nuestra juventud, porque vivió mucho tiempo y fue en una vejez avanzada cuando, después de haber dado un glorioso y nobilísimo testimonio, salió de esta vida. Él enseñó siempre la doctrina que había aprendido de los apóstoles. Llegado a Roma bajo Aniceto (154/155--166) apartó de la herejía de Valentín y Marción a un gran número de personas y los devolvió a la Iglesia de Dios, proclamando que había recibido de los apóstoles una sola y única verdad, la misma que era transmitida por la Iglesia.

 Eusebio por su parte, dice que Policarpo fue a Roma “para conversar con Aniceto por cierta cuestión por el día de la pascua (año 160?). Al encontrarse ambos pastores surgieron entre ellos pequeñas divergencias”, pero enseguida estuvieron en paz, sin que acerca de este capítulo se querellaran mutuamente, porque ni Aniceto podía convencer a Policarpo de no observar el día (el 14 de Nisan, según el calenda­rio hebreo, cualquier día que fuese)- como siempre lo había observado con Juan y con los demás apóstoles con quienes vivió- ni tampoco Policarpo convenció a Aniceto de observarlo, pues éste decía que debía mantener la costumbre de los presbíteros antecesores suyos (la Iglesia de Roma lo celebraba siempre en domingo). En un clima de respeto mutuo y caridad, Aniceto cedió a Policarpo la celebración de la eucaristía y en paz se separaron uno del otro y paz tenía la Iglesia toda, así, los que observaron el día como los que no lo observaban. (HE. V.24, 16-17).

En el año 167 estalló en Esmirna una persecución, durante la cual Policarpo fue arrestado y murió mártir. Tenía por entonces 86 años, y entregó su vida por la fe el domingo 23 de febrero.

 

Carta a los Filipenses

 Se conserva solo parcialmente en griego y por entero en una versión latina, según parece algunos filipenses le habrían escrito a Policarpo para lamentarse de un cierto Valente, que habría sido ordenado presbítero (u obispo?) entre ellos y se lo acusaba de haber cometido injusticias por amor al dinero,

 Los Filipenses le solicitaban al mismo tiempo a Policarpo que les enviase una copia de la carta de Ignacio que él poseyese.

La carta pone de manifiesto que Policarpo no era un buen conocedor del Antiguo Testamento. Por el contrario, se vale de las cartas de S. Pablo de las pastorales, la I de Pedro, la I de Juan y la I de Clemente de Roma. Combate al docetismo brevemente citando a I Jn. 4, 2-3. Es llamativo que no haga mención del Obispo. Insiste en la importancia de la justicia: Jesucristo es la prenda de nuestra justicia. Imitar su paciencia, sufrir por su nombre son las consecuencias extremas de nuestra vida en Él.

 Las recomendaciones sobre la conducta de los fieles (Cap. 4-6) dan una idea de la organización jerárquica de la comunidad de Filipos: esposos, viudas, diáconos y presbíteros.

 

 

II - LOS PADRES APOLOGISTAS. Dan razón de su propia fe.

 Hacia la mitad del siglo II, el gnosticismo no era más el único en turbar a la Iglesia. Imprevistamente surge, como de la nada, una media docena de corrientes turbulentas, a las que les faltaban fundamentos escriturísticos o enganche con el espíritu tradicional del cristianismo. Aparecieron como de la nada, ya que fueron como la explosión espontánea de un entusiasmo independiente de la autoridad constituida de una religiosidad exuberante, no temperada por la sobriedad instintiva, que orientan a una comunidad cristiana calma y recogida, solidaria con la jerarquía (como indicio para desenmascarar la herejía, Ireneo propondrá el contraste entre la armonía y la anarquía).

 Fue en el rico terreno religioso de Asia cristiana que las semillas de la herejía prendieron. El lugar del entusiasmo en el ámbito del cristianismo del siglo II - en el bien y en el mal--fue Asia. Es en Asia, en efecto, donde encontramos las herejías y las tendencias heterodoxas de la mitad del siglo como el Montanismo, el Ecratiamo, y las personalidades heréticas de Marción y Valentino.

 El Montanismo: no parece que haya sido una herejía estrictamente dogmática. En todo caso, es muy difícil caracterizar con precisión una doctrina que haya sido condenada.

El montanismo fue una suerte de fanatismo cristiano, un irrumpir de revelaciones y visiones, del falso entusiasmo por el martirio, de profetas de calamidades, Milenaristas.

La cuna del milenarismo fue Asia cristiana. Se extiende rápidamente y hasta el gran Tertuliano se había pasado bajo su bandera.

Marción: Gnóstico, no especulativo, buen organizador, tuvo un gran éxito.

Valentino: Fue gnóstico como Marción, pero fue un pensador más profundo.

Ecratismo: (del término griego “Enkrateia”) que significa “continencia”, es la doctrina para la cual el sexo es esencialmente malo.

 Clemente de Alejandría escribirá páginas y páginas para combatir la concepción según la cual el matrimonio significa un cristiano de segunda clase.

Así el primer impacto de la ortodoxia con el pensamiento griego hace surgir a los apologistas.

¿Quiénes son los apologistas?

Toman el nombre de la palabra griega apologhia que significa defensa. Los apologistas desarrollan la defensa del cristianismo con gran competencia ya que casi siempre provenían del paganismo.

 ¿De qué acusaciones fue necesario defender al cristianismo? Los apologistas no se contentaron jamás de predicar la tolerancia. Querían que fuese abrazada la fe cristiana. Así con toda la espontaneidad de cristianos convencidos y de romanos leales, se esforzaron en demostrar que el cristianismo no sólo era un fenómeno inofensivo sino que él contenía lo mejor de todos los elementos de la civilización y del Imperio Romano.

 

Acusaciones:

 

      El odio venía sobre todo de los que vivían del culto pagano. Pero la polémica contra los paganos no se limitó a combatir las vulgares calumnias de la gente común: ésta se mueve a un nivel superior cuando trata de responder a objeciones más sofisticadas de carácter intelectual y filosófico, y por lo tanto más peligrosa.

 

Reacción Pagana:

El filósofo Celso (178)

El filósofo Porfirio (270)

El Emperador Juliano el Apóstata (S. IV)

 

 Esta reacción dio origen a una rica literatura apologética cuyo inicio data del siglo II. Así el cristianismo se transforma en intelectual. El emperador filósofo Marco Aurelio, que odiaba a los cristianos, en la segunda mitad del siglo II, no es solamente un soldado que perseguía a una secta oriental, sino un intelectual que perseguía a otros intelectuales.

 

A - San Justino Mártir: (c. l01-165c.)

 Activo entre el 154-165 c primer teólogo del cristianismo ortodoxo, es el más grande de todos los apologistas. Si el objeto de un apologista es presentar al cristianismo no solamente como la única verdadera religión, sino como la única forma de patriotismo, la única verdadera filosofía, entonces Justino es de una notable superioridad frente a los otros apologistas.

Si bien Justino nació en Palestina, (Schem, hoy Naplus) era pagano de origen, gozó de los beneficios de un hijo de una familia acomodada. Recorrió gran parte de su vida en una larga y febril búsqueda de la verdad, pasando por numerosas experiencias filosóficas, que lo han dejado siempre insatisfecho (aristotelismo, pitagorismo, platonismo.) hasta que un día encontró la verdadera filosofía en el Logos encarnado, Jesús

En el Evangelio había encontrado la perfección del mismo Platonismo, aquí el Logos, el verbo era Jesucristo encarnado. Esto, Platón jamás lo había supuesto. Pero Justino había comprendido que tanto Platón, como Sócrates lo habían entrevisto, cada uno de un modo imperfecto. Así estos espíritus grandes del paganismo antiguo habían captado las semillas del Verbo. Entre filosofía antigua y cristianismo, existe según Justino una relación de parcial a total, en la sustancial continuidad de la revelación de la verdad por parte del mismísimo    Verbo Divino.

Justino, filósofo griego, abre una escuela de filosofía pero portando el “palio” de maestro cristiano, comenzando a propagar la única verdadera filosofía, viajando y reuniendo en torno así pequeñas escuelas de filósofos cristianos. Éstas fueron las primeras escuelas cristianas no propiamente eclesiásticas. Eran escuelas filosóficas organizadas según el antiguo estilo griego: grupos de jóvenes reunidos en torno a un maestro. En aquellos años de intensa actividad especulativa, dirige al emperador Antonio Pió su “Apología” (c. l55) que representa un clásico en su género. Se lee de hecho una presentación de la nueva religión en términos filosóficos, que habría captado la atención y la simpatía del emperador que se manifestaba como un cultor de la filosofía, y también era una invitación a la autoridad imperial para que se comporte de una manera jurídicamente más correcta hacia los cristianos

            No faltan informaciones importantes sobre el desarrollo interno de la vida de la Iglesia, especialmente en lo concerniente a la invitación litúrgica y las

 

inci­pientes polémicas  contra la herejía gnóstica.                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                            

 

En esta “apología”, Justino busca poner un puente entre el cristianismo y la civilización antigua en sus formas más aceptables, pero al mismo tiempo tiene la audacia de poner precisas propuestas de carácter práctico. Al emperador le hace pensar sobre la posibilidad, en un cierto sentido la necesidad, que los cristia­nos, lejos de constituir un elemento de perturbación en la vida social, sean los más seguros y fieles aliados del poder, en la medida de que su moral rígida y severa constituye el fundamento espiritual del cual la sociedad pagana tendrá gran necesidad. Los cristianos se presentan, así, como los verdaderos garantes del orden establecido, los mejores súbditos del Imperio, con la única condición que el emperador renuncie a la absurda pretensión de sustituir a la divinidad y de exigir honores divinos.

 Justino revela en otra gran obra, la misma firmeza, en el “Diálogo con el judío Trifón”, en el que se desarrolla una cerrada discusión sobre la interpretación de los textos mesiánicos del Antiguo Testamento.

Por su firmeza y su fidelidad al cristianismo será decapitado, ya que se hace portavoz de un grupo de cristianos acusados por haber rechazado hacer sacrificios a los dioses. Justino muere por la verdad.

 

B - La Apología “A Diogneto”: Los Cristianos “Alma del mundo”

 No podemos concluir esta rápida presentación de los apologistas griegos del siglo II sin mencionar un documento anónimo que fue definido como “la perla de la antigüedad cristiana”.

 La obra compuesta entre el 160 y el 200, está dirigida a un tal Diogneto. Después de haber anticipado la idolatría pagana y el ritualismo judaico, el autor explica a su interlocutor la verdadera naturaleza de la religión cristiana, mediante la inteligente apropiación de temas y motivos sacados de las cartas Paulinas y de la obra de Juan. Según este documento, los cristianos son hombres como todos los demás en muchos aspectos, pero se diferencian en cuanto a su función específica de ser en el Mundo: lo que el alma es para el cuerpo, guía y sostén. Son “el alma del mundo”.

 

Conclusión:

 No sólo son apologistas los nombrados, sino todos los Padres de la Iglesia que han compuesto obras en defensa del cristianismo contra los ataques del paganismo, de polémicas y de críticas, contra las creencias e instituciones del paganismo.

No apologistas, sino controversistas son los Padres de la Iglesia que han tomado la pluma para combatir las doctrinas erróneas,  las interpretaciones equivocadas de las herejías (herejía = haieresis = elección = parcialización de la verdad) (Siglo II docetismo. Siglo II y III Gnosticismo). A lo largo del siglo II estas tendencias aparecen con mayor fuerza.

 

III- LA REACCIÓN ANTIAGNÓSTICA Y LA DEFENSA DE LA TRADICIÓN

 

El gnosticismo: una de las más graves crisis del cristianismo antiguo.

- Hombres - Pneumáticos - espirituales

- Hombres - hilici (lyle)- materiales

- Hombres - Psíquicos (psyche) - Alma racional -

 La revelación está garantizada por la transmisión esotérica (no pública) sólo a un grupo (esoterikos-interno) de predestinados, no ya por el magisterio público de la jerarquía eclesiástica guiada por los obispos a los que se les confió la tradición apostólica. Desprecio del Antiguo Testamento. .Marción es organizador de iglesias paralelas

 

A - Ireneo de Lyon, el hombre de la tradición.

 La primera gran obra antiagnóstica que nos llegó en traducción latina es la de Ireneo, obispo de Lyon en Galia (140-200) originario de Asia Menor, donde en su juventud había tenido contacto con Policarpo, el famoso obispo de Esmirna. Después encontramos a Ireneo en Galia, en la ciudad de Lyon en la época de la tremenda persecución del 177 que provocó numerosas víctimas. Después del martirio del obispo Potino, el Pbro. Ireneo fue consagrado obispo (178-195) y lucha contra el gnosticismo que venía de Oriente.

 

Es el primer teólogo sistemático cristiano.

             El gnosticismo  es una teología de desunión, antiguo testamento versus nuevo testamento. La unidad es el elemento central del pensamiento de Ireneo: en el principio fue la creación; después la redención, y ahora los hombres esperan la segunda venida, una única tensión hacia la completa restauración del hombre en Cristo, por medio de su “deificación” en la visión beatífica.

Gloria de Dios es un hombre viviente, y la vida del hombre es ver a Dios”.

Los garantes de la autenticidad de la predicación evangélica son solamente los obispos, herederos y continuadores de la misión de los apóstoles y custodios de la tradición por ellos inaugurada.

“La primera teología de la historia”.

(“Demostración de la predicación apostólica”).

 Elabora un importante sistema teológico que trataba de explicar en una síntesis completa toda la historia de la salvación. Es central el concepto de “recapitulación” en Cristo, que funcionó como clave de lectura de este primer esbozo de “teología de la historia”.

 

Ireneo, hombre de Iglesia.

 Defiende la unidad de la fe y la diversidad que se registra en la práctica (praxis) de las Iglesias, como en la liturgia. Manifiesta una profunda admiración y devoción hacia Roma, fundada sobre la autoridad de los apóstoles Pedro y Pablo Esto queda demostrado en el hecho de haber intervenido como pacificador en la famosa cuestión de la fecha de la pascua, comportándose según su nombre (Ireneo = hombre de paz).

 

B - Hipólito de Roma.

 Es otro gran polemista antiagnóstico que vivió entre los siglos II y III. Hipólito activo entre el (206-235 c) pertenecía al ambiente conservador y milenarista, que representaba una especie de mentalidad reaccionaria, incapaz de resignarse a la realidad de una Iglesia que tendría que continuar viviendo en este viejo mundo malvado por mucho tiempo antes de que Jesús hubiese retornado. El montanismo apenas había llegado a Italia y a África. El montanismo era milenarista. Esto significaba una Italia y un África infectada de un conservadorismo religioso radical, irreductiblemente contrario a todo compromiso con la ciudad de Satanás (el gobierno imperial). Para qué ceder en el último momento si Jesús tiene que venir mañana. Esto, a su vez, significaba entusiasmo por el martirio, y el martirio fue siempre considerado como uno de los signos del cristianismo auténtico. Así el montanismo, se podría presentar como el cristianismo auténtico. Un número increí­ble de “Actos de los Apóstoles apócrifos: “Actos de Pedro” (Quo Vadis) presentan todos los rasgos característicos del montanismo.

Si no hubiese sido por la jerarquía siempre circunspecta, siempre lenta al moverse, ajena al fanatismo y sobre todo prudente y por lo tanto prudentemente preocupada de instaurar buenas relaciones con el Imperio justo cuando el cristianismo estaba comenzando a emerger de su gheto. Quizás,  la ruidosa minoría milenarista  habría absorbido gran parte de la cristiandad y luego muriendo por su propia locura, viendo que  Jesús retardaba su venida. No por nada Jesús había fundado una Iglesia jerárquica, y fue la posición asumida por los obispos contra el milenarismo lo que le causó la muerte lenta.

En Roma se encontraron un teólogo privado, violentamente reaccionario, y un representante de la jerarquía, moderadamente progresista y fueron fuego y llama.

Hipólito no tuvo reparo en atacar directamente a la autoridad episcopal. Acusó violentamente al Papa Zeferino de modalismo y, seguidamente, acusó a Calixto, consejero y sucesor del Papa, de laxismo moral por haber absuelto fácilmente de los pecados contra la pureza y por haber perdonado el imperdonable pecado de apostasía

            Hipólito vive quince años más que Calixto, después de combatir veinte años a los papas. Pasó otros tantos cooperando con los sucesores de Calixto.

La acción antiagnóstica de Hipólito está unida sobre todo a la gran obra en 10 libros “Refutación de todas las herejías” donde trata de demostrar que la herejía cristiana es, hija de la filosofía pagana.

 La exigencia de manifestar la propia fidelidad a las enseñanzas recibidas, la tradición viviente de la Iglesia iniciada por los apóstoles es tan fuerte en este período de lucha contra las innovaciones de las herejías, que Hipólito escribe una obra titulada” Tradición Apostólica”, obra muy importante, rica en información de carácter disciplinar y litúrgico.

 También fue autor de numerosas obras exegetas: comentó las bendiciones de Isaac a Jacob, el. Cantar de los Cantares, dando inicio a una larga serie de comentarios patrísticos sobre este poema bíblico, que por su contenido, todavía hoy expresado de manera audaz, había suscitado perplejidad en los núcleos judaicos y cristianos. Así Cántico es el libro ejemplar para toda la mística cristiana, a partir de Orígenes, hasta Bernardo de Chiaravalle.

 Hipólito comete un gran error en el que persevera por 20 años. Refutó de aceptar la Iglesia de Cristo así como es en realidad. La Iglesia de Hipólito es una Iglesia idealizada, un grupo minoritario de santos en conflictos con el mundo, pobres y despreciados, donde cada uno estaba dispuesto a seguir a Cristo sin inmutar­se hasta el Gólgota. Él era rígidamente contrario a la centralización jerárquica, es decir, a la concepción monárquica, no colegiada de la organización diocesana. De hecho fueron justamente los obispos de varias diócesis que, en cuanto a pastores de las ovejas perdidas así como de las otras noventa y nueve del corral, se dispusie­ron a combatir la concepción de la Iglesia como una secta de santos formulada por Hipólito. Él lucha por la conservación de la lengua griega, cuando toda la Iglesia occidental quería el latín.

 Hipólito fue un reaccionario justo cuando la Iglesia había elegido ser progresista. Era un integrista, mientras que la Iglesia optaba por la adaptación. Debemos agradecer a Dios que estaba Calixto en la Cátedra de Pedro durante los 20 años de oscuridad de Hipólito.

Debemos agradecer a Dios también por Hipólito: Santo, Padre de la Iglesia, Mártir, personificación del fervor cristiano y de la dedicación hasta la muerte. Uno de los no pocos méritos de Hipólito fue el de dar el empuje inicial a la práctica corriente de la interpretación continuada y sistemática de la Sagrada Escritura, para cada uno de los libros, confirmando por lo tanto la apropiación definitiva de todo el canon bíblico por parte de la Iglesia, salida victoriosa de la lucha contra los errores y las dudas sembradas por los herejes.

 Muere por la fe en las minas de Cerdeña junto al Papa Ponziano, del que se había convertido en amigo personal.

 

IV-LA ESCUELA DE ALEJANDRÍA. Encuentro entre fe y cultura.

 

1 - Alejandría

 Fundada por Alejandro Magno en el año 322 a. C. como una auténtica “polis” griega dentro de Egipto, la ciudad que de él tomó su nombre, fue desde entonces uno de los centros culturales más importantes de la antigüedad. Gracias a su estraté­gica situación en el Mediterráneo, pronto se convirtió en el puerto obligado para los viajes entre Europa y África, Arabia, Siria, y el Asia central, entrando así en competencia con el Pireo, Siracusa, Cartago y los puertos fenicios. En pocos decenios, su población superaba a la de Atenas o Corintio. También alcanzó un puesto de primer orden en el ámbito cultural; con el tiempo albergaría una prestigiosa escuela de medicina, y su biblioteca, la más famosa de la antigüedad, llegó a contar con más de 700.000 volúmenes.

 Hacia el 200 a. C. era la ciudad más grande del mundo, integrada por grupos de las más variadas procedencias. Una de ellas, de singular importancia, era la comunidad judía, numerosa y culta, en cuyo seno se realizó la primera traducción de la Biblia a una lengua distinta al arameo o hebreo. Es la famosa traducción de los setenta, que alcanzó un influjo muy grande en el judaísmo de la Diáspora y en los primeros siglos de la Iglesia: hasta que San Jerónimo en el siglo IV hizo su versión latina- la vulgata- sobre el original hebreo, la única Biblia conocida por los cristianos fue la de los setenta.

 Con el cristianismo, Alejandría adquirió nueva importancia. La escuela teológica inaugurada por Ponteo y que fue regenteada por Clemente de Alejandría y por Orígenes, supuso un avance importantísimo en el estudio de la teología. La escuela de Alejan­dría, caracterizada fundamentalmente por el alegorismo en la interpretación de la Sagrada Escritura jugó desde entonces un papel de primer orden en la investiga­ción teológica oriental.

 Al terminar el S III d. C. Alejandría contaba con aproximadamente 250.000 habitantes (cifra semejante a la de Antioquía por esa época) Roma tenía aún 500.000 hab. y Cartago 100.000 habitantes. Al comienzo del S IV había en Egipto unos 100 obispos, cada uno con unos pocos miles de fieles a su cargo, a excepción de la Metrópolis, Alejandría, que albergaba a unos 100.000 cristianos. Para hacerse una idea de la vitalidad de los cristianos de Egipto durante estos años, basta señalar un dato: se estima que a finales del S IV había en todo Egipto unos 100.000 monjes y 200.000 monjas.

 Alejandría, (que tenía más de 600 años cuando Atanasio es elegido obispo, en el 328 era una ciudad helenizada y cosmopolita. Aquí el cristianismo será helenizado. La población Alejandrina, cosmopolita e intelectualmente liberal, representaba un mercado abierto para el cristianismo en sus manifestaciones ortodoxas y gnósticas. Y, a su vez, la gran metrópolis cambió la mentalidad cultural cristiana de judía en griega. Todo estaba listo para el “helenismo cristiano, que será el milagro de la historia humana”, dijo J. Danielou.

El legado patrístico entre el segundo y tercer siglo es el helenismo de Alejandría, muy importante para la historia del cristianismo. Un cristianismo dominado de usos y de una mentalidad judía es ahora una realidad del pasado. “Plato Chistianus” es la expresión clásica para expresar el pensamiento cristiano platónico, especialmente el neoplatonismo del tercer siglo que tiene su origen cristiano con Orígenes.

 

2 - La Escuela de Alejandría.

 En esta ciudad nace una particular institución cristiana, conocida como Escuela de Alejandría (en griego Didaskaleion) que será el centro mejor organizado de la lucha contra el gnosticismo. Los orígenes no se conocen con certeza, sólo con Clemente de Alejandría la institución adquiere características precisas y documenta­das y sale a la luz de la historia con impresionante vigor.

 

3 - Clemente de Alejandría. (act. 202-215)

 Es una fuente principal para el cristianismo de Alejandría durante el período de la helenización. Fue el primer gran maestro de la escuela catequética de esta ciudad que será una suerte de universidad católica y la más importante escuela cristiana del tiempo. El contributo de Clemente a este proyecto, le vale el título de “Padre de la Iglesia”.

 Clemente no fue el primer alejandrino en combinar el pensamiento griego con la revelación bíblica, pero si fue el primer padre en realizar esta tentativa como Justino: él combinó el cristianismo con el platonismo de su tiempo. Probablemen­te no era sacerdote, si se sabe que era griego, y que vivió  intensamente todas las experiencias culturales y religiosas del paganismo antiguo. Clemente una vez convertido al cristianismo, pone todos sus conocimientos filosóficos al servicio de una intensa obra evangelizadora. Con este objetivo escribe el “Protrettico” (exhortaciones). Una invitación a la conversión en la que Clemente destruye las estructuras del paganismo, muy bien conocido por él.

Para los cristianos convertidos al cristianismo dirige una obra en tres libros en los que el Verbo divino ejerce el rol de “educador” y la obra se llama “Pedagogo” (paidagogo). Contiene importantes noticias sobre todos los aspectos de la vida cotidiana, la comida, el vestido, el baño. etc.

 Pero el esfuerzo mayor la realiza en la obra de ocho libros que componen el “Stromata” (tapiz) en la que son examinados diversos problemas doctrinales, morales y religiosos, muchas veces de modo confuso, sin orden.

Siguiendo la línea de Justino, Clemente se propone como objetivo esencial el de definir la figura del “verdadero Gnóstico” cristiano, en contraposición al gnosticismo herético, juzgado falso e inauténtico.

 Según Clemente el gnosticismo herético, se distingue esencialmente por la incapacidad congénita de seguir el camino de la recta vía intermedia entre los excesos opuestos, y éstos en campos muy distintos como son los de la ética social o el martirio.

La gnosis de Clemente es la recompensa dirigida a aquellos creyentes que aplican laboriosamente los descubrimientos de la ciencia humana a la herencia divina de la revelación.

 Clemente parece haber sido el primero en introducir en el cristianismo una teoría de la inspiración divina de los autores griegos paganos. Justino había reconocido en ellos semillas del Logos, pero con Clemente se habla de una verdadera inspiración, algo similar a la inspiración bíblica.

 Justino había encontrado en el cristianismo la respuesta a los problemas filosófi­cos más espinosos. Para Clemente la sabiduría perfecta del cristianismo es la verdadera gnosis, es la asignación de Alejandría, cruce de caminos del mundo.

34¡Qué importante será todo esto para la historia del pensamiento cristiano!!

 La importancia de toda esta predicación es evidente. Lamentablemente las huellas de su actividad de enseñante se pierden después de la persecución de Septimio Severo (202), Sabemos que se refugió en Capadocia y que fue a Jerusalén por algunos años. Con su partida de Alejandría se produce un gran cambio en el Didaskaleión. La que fue sede de enseñanza privada de un filósofo cristiano es asumida bajo el control de la autoridad jerárquica del obispo Demetrio que hará una escuela de teología para laicos y llamará a enseñar al joven Orígenes de 18 años de edad, indiscutiblemente el pensador más grande de la Iglesia griega.

 

4 - Dos Escuelas: dos imágenes cristológicas.

 Después que el magisterio eclesiástico hubo precisado de la fe trinitaria en los dos primeros concilios ecuménicos (Nicea 325 y I Constantinopla 381), se orientaba el pensamiento teológico hacia el misterio de la persona de Cristo. Sin embargo, no se debió esto a un proceso lógico sino más bien a un viejo conflicto entre dos escuelas teológicas, a la vez agudizada por una rivalidad de política eclesiástica.

a)  La escuela catequética de Alejandría, que veneraba como sus cabezas a Clemente de Alejandría y a Orígenes, se servía del método alegórico para la explica­ción de la Sagrada Escritura. Su pensar era platónico, y su fuerte la especulación teológica. A ella había pertenecido Atanacio y los tres Capadocios; su mejor teólogo a principios del siglo V era Cirilo de Alejandría, patriarca de esta ciudad desde el año 412. En su empeño de presentar la unión de la humanidad y la divinidad en Jesucristo como la más íntima posible, hablaba Cirilo de “Una naturaleza del verbo encarnado”, sensibilizándola mediante una imagen sumamente fácil de retener: la naturaleza divina penetra la humana como el fuego en una braza encendida o en un trozo de leña que arde. El mismo no se hacía cargo de que tal modo de hablar podría acabar por esfumar la naturaleza humana de Cristo y dar lugar a una concepción de la unión como “confusión” de las dos naturalezas.

b)  La escuela de Antioquía, por cuyo fundador se puede tener a Luciano de Antioquía, se distinguía por su sobria exégesis histórica gramatical de la Sagrada Escritura. De pensamiento más bien Aristotélico, estaba influida por un ligero soplo racionalista. Diodoro de Tarso (394), como concienzudo exégeta que era, tomó tan en serio el ser humano de Cristo, que corrió el peligro de relajar su unión substancial con la divinidad (que él desde luego conocía) y reducirlo a una unión puramente moral. Esta tendencia aflora apenas en su gran discípulo San Juan Crisóstomo, que en el 398 sucedió a Nectario en la sede de Constantinopla, algo más en el influyente Teodoro de Mopsuetia (+428) y fuertemente acentuado en su discípulo Nestorio, quien a la muerte de su maestro fue nombrado Obispo de Constantinopla. La diferencia entre ambas concepciones queda de relieve en la imagen que utilizaban los antioquenos para sensibilizar la unión de la naturaleza divina y humana de Cristo: el logos habita en el hombre Jesús como en un templo.

Cirilo, patriarca de Alejandría. Nestorio, patriarca de Constantinopla: la tensión que emanaba de las tendencias de ambas escuelas quedó reforzada por la rivalidad de ambas sedes episcopales.

 Constantinopla, residencia imperial del Bósforo, fue dejada en la sombra y postergada en la prestigiosa Alejandría, sede de la ciencia y baluarte de la ortodoxia. Crisóstomo (+407) había tenido que sufrir los celos del patriarca de Alejandría, Teófilo, hombre ambicioso y ávido de poder; a éste le sucedió su sobrino Cirilo. Se deja muy fácilmente comprender que este último se constituyera en ardiente impugnador de las inquietantes teorías de Nestorio sobre la persona de Cristo. Nestorio es condenado en el Concilio de Éfeso (431) Entiques, (monofisismo) condenado en el Concilio de Calcedonia (451).

 

A - Orígenes (185-254/activo 222-254)

 Representa en su persona el gran impacto del cristianismo con el pensamiento griego y por lo tanto influirá profundamente en la teología; cristiana de toda la historia sucesiva. Su maestro fue Clemente, pero primero encontré a Cristo y luego a Platón.

 Animado de gran entusiasmo religioso, muy joven exhorta a su padre, S. Leonído a afrontar con coraje el martirio. (“Exhortación al Martirio”).

La Biblia, fundamento de la teología y de La espiritualidad. Orígenes puede ser definido como “el primer teólogo bíblico sistemático”, ya que su pensamiento se organiza siempre a partir de la lectura y de la interpretación del texto revelado, tomando en la orgánica unidad de los dos testamentos. Es para él la Palabra de Dios, el sacramento de la presencia de Dios en el mundo.

 Orígenes teoriza los principios de la hermenéutica bíblica  en una obra juvenil; “Sui Principii”. Es una obra muy discutida desde siempre, y fue escrita para combatir la teoría gnóstica sobre la predestinación de los elegidos y para reafirmar, en conformidad con las enseñanzas de la Iglesia, el principio de la libertad de la elección moral. A tal fin, Orígenes explica cómo Dios había creado al inicio solamente los espíritus racionales, los que después de la desobediencia, se transformaron algunos en ángeles, otros en hombres, otros en demonios. Al final todos serán salvados, también el demonio, para que la misericordia de Dios sea todo en todos (doctrina de la apocatástasis, del griego apokatastasi=restauración            del     estado            original                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                           Orígenes permanece siempre unido a la doctrina típicamente griega, de derivación platónica, de la caída de las almas en los cuerpos, teoría que había tomado de la escuela de los platónicos de Alejandría. Esto le costó diversas condenas a lo largo de los siglos.

Su memoria fue condenada en el III Concilio de Constantinopla en el 553 confirmado  por el Papa Virgilio.

Es necesario admitir que él la usó más como hipótesis de investigación teológica que como verdad absoluta y que el objetivo era el de salvar los principios fundamen­tales de la moral ortodoxa.

Por su dedicación al estudio de La Biblia, puede ser definido como el creador de la “filología Bíblica” en el ámbito cristiano. Fruto de este estudio son sus homilías: - Cantar de los Cantares - Evangelio de San Juan.

Orígenes inaugura lo que será la “Lectio Divina” fruto de los comentarios que tratan de salir solamente del sentido literal del texto para alcanzar el sentido espiritual. Profundi­zando el trabajo comenzado por Hipólito quien dedicará páginas inolvidables en el “Comenta­rio del Cántico”, al martirio se refiere específicamente en la “Exhortación al martirio”235), escrito para sostener a algunos amigos en el momento de la prueba decisiva; el pequeño tratado “sobre la Oración” contiene el más antiguo comentario al Padre Nuestro en griego.

 

Orígenes como maestro:

 Debiendo confrontarse continuamente con filósofos y herejes griegos, Orígenes decide rápidamente transformarse también él en filósofo. Suspendiendo temporalmen­te su actividad catequística y bajo la tutela de Ammonio Sacca, pronto se convirtió en el padre del neoplatonismo cristiano. Transformó la escuela catequética en una suerte de Academia o Universidad Católica, donde se enseñaban todas las materias pero todas en función de la teología. Él fue el primer cristiano en obtener el reconocimiento por su alta preparación científica, el primero en ser respetado aún por el más competente adversario.

            Pero no todos fueron fascinados por Orígenes. Así fue el caso del Obispo local, Demetrio, quien estaba celoso de su propia libertad académica, cuando la escuela lograba su mayor éxito. Este obispo de Alejandría pretendía extender su influencia a las diócesis vecinas, más allá de los confines de su Arquidiócesis, para lograr su propio lucimiento. Esta expansión terminó  un día en el patriarcado de Alejandría.

 Demetrio naturalmente no veía con gusto la desfachatada independencia que se manifestaba en su propia casa. Y así parece que trató de obtener el control de la escuela.

Orígenes habría preferido no rebelarse, pero sentía que algunos aspectos de la doctrina (verdad) Cristiana, habrían podido ser cultivados solo por medio de una larga y profunda reflexión teológica sobre la Biblia.

 La comprensión de estos elementos no necesariamente debía ser transmitida a través de una sucesión apostólica de Obispos incultos. El trabajo del obispo era  transmitir el depósito de la fe bíblica y apostólica recibida de la tradición y no su elaboración teológica.¿Con qué derecho interfería en la escuela de teología? ¿Dónde quedaba la libertad del teólogo?

 Quizás Orígenes tenía parte de la razón, pero era algo gnóstico, como Clemente de Alejandría. Orígenes postulaba una distinción clara entre una fe sobrenatural, común a todos los cristianos, y una gnosis alcanzada solamente por unos pocos a través de la especulación teológica sobre la que concierne a la fe. Hasta aquí es todo ortodoxo. Todavía Orígenes podría haber estado en disputa con su obispo, no tanto sobre algunos aspectos de la escuela, sino sobre el importante principio del control eclesiástico de la enseñanza cristiana.

 Nos queda preguntarnos si su particular gnosis está del todo liberada del exclusivismo gnóstico, que es herético, y si Orígenes tuvo o no la sensación de que la élite cristiana culta, tuviese la capacidad de “penetrar el sentido”, aunque sí en mínima parte, de los misterios de la fe cristiana, de que la elite poseyese un tipo de conocimiento que para el resto de los fieles, obispos inclusive, era negada.

 Cualquiera fuese la respuesta que la historia pueda dar un día al problema de la ortodoxia o heterodoxia de la gnosis de Orígenes, la respuesta de su obispo fue muy simple: Demetrio convocó un sínodo episcopal, y expulsó a Orígenes de Alejandría.

 Hacia el 230, Orígenes fue llamado a Grecia y a su paso por Cesárea fue ordenado sacerdote por los Obispos del país.

 El Obispo de Alejandría comunicó la sentencia de su deposición a todo el episcopado, así lo suscribió Ponciano y el resto del episcopado menos los obispos de Palestina, Arabia, Fenicia, Acaya y Capadocia.

 En el exilio elige reabrir su escuela, en Palestina (Casarea Marítima), donde fue recibido con los brazos abiertos (como lo fue en Roma, Atenas y otros grandes centros), no obstante, las opiniones negativas y las admoniciones que los Obispos Palestinenses recibieron de sus colegas Alejandrinos.

 Orígenes muere a consecuencia de las torturas recibidas en la persecución de Decio (249-251), a los 60 años.

 

El Apologista

 La gran obra apologética de Orígenes es “Contra Celso”. Consta de ocho libros, en los que vienen refutadas, una por una, todas las acusaciones que el filósofo pagano Celso había hecho al cristianismo en su polémico libro titulado: “La Doctrina Verdadera”.

 En la hora de la persecución, Dionisio escribió a Orígenes, confesor de la fe, una “carta sobre el martirio” y escribió del obispo de Jerusalén: “En cuanto a Alejandro, ese hombre admirable, que estaba en prisión, ha muerto santamente”.

Hipólito y Ponciano se había reconciliado en el martirio. San Agustín  escribió a este propósito: “Si en esta viña fecunda, había algo que podar, el Padre celestial lo purifica con el martirio”.

 

V- LOS INICIOS DE LA LITERATURA CRISTIANA EN LENGUA LATINA.

 

 Salvo Ireneo de Lyon un asiático importado, no hay grandes teólogos al oeste de Egipto antes del siglo III. Pero al inicio de este siglo. La Teología occidental surge con una rapidez y una vitalidad tal que hace presagiar un glorioso futuro. El pensamiento nace en occidente (200) con un enemigo que es el milenarismo.

 

A - Tertuliano:

 Activo entre el 196 y el 221, es la primera gran figura del pensamiento cristiano. Nace y crece como pagano, se convierte a los 40 años y muere montanista Vemos cómo el milenarismo ejercita una gran seducción en los primeros cristianos.

 Fue el testimonio de los mártires que conquista a Tertuliano a la fe. A partir del mismo día de su conversión él se transforma en el apóstol cristiano de la intransigencia. Y sólo 10 años más tarde, él queda tan impresionado del inquebranta­ble espíritu del montanismo en Roma, que se transforma también él   en montanista.

 Lo que motivó el estudio de Tertuliano es la teología cristiana que  elaboró con gran originalidad en África y que le valió la denominación de fundador del pensamiento occidental cristiano.

 Antes de Tertuliano los cristianos de Cartago hablaban latín, pero su cultura era griega. Por lo tanto, las corrientes teológicas de la metrópolis venían de Oriente. Bajo el influjo de Tertuliano, al contrario, la Teología Africana estaba destinada a transformarse en latina, en su esencia más profunda, dejando de lado en su radical latinización la Roma cosmopolita y su helenismo cosmopolita.

 

Características de la nueva teología de Tertuliano.

a Lo primero es su vocabulario. Tertuliano se negó a traducir los términos teológi­cos griegos, quiere recrearlos en latín. Él usaba consubstantialis mucho antes que los griegos tuviesen el término correspondiente de homousios.

b)  El tono Jurídico del vocabulario es otra de las características. Su caballo de batalla contra los heréticos era lo que en términos legales se llama “prescrip­ciones”.

La aplicación cristiana de este término por Tertuliano se puede sintetizar así: Marción y los herejes disputan a la Iglesia de los Obispos la correcta interpretación de las escrituras.

Tertuliano alude a la antigüedad de la Iglesia de los Obispos, y su relación de  lazos con los apóstoles, que recibieron las enseñanzas de Cristo, aplica el principio del derecho romano que afirma: que “la posesión anterior e ininterrumpida de los bienes, funda la posesión de estos bienes”. Por esto, argumentaba Tertuliano, los heréticos abandonan inmediatamente su pretensión de leer la Biblia de un modo más correcto de lo que lo hacen los Obispos. Esta es una verdadera actitud jurídica y que desconsolaba a los pobres heréticos que jamás habían considerado la teología desde el punto de vista legal.

c)  En la visión de Tertuliano Dios se transforma en legislador y juez. Otras dos importantes observaciones quedan por hacer a propósito de Tertuliano. Como filósofo, él tiende al estoicismo, sin sentirse comprometido con él, y como Clemente de Alejandría y Orígenes, él considera las ciencias profanas y la filosofía necesarias para el estudio de la fe cristiana.

Sus obras: fueron muchas, ricas en doctrina y la auténtica fe cristiana como el más antiguo comentario latino del “Padre Nuestro”, un escrito sobre el bautismo y una obra sobre la penitencia.

Tiene obras antiheréticas como “Contra Marción”. Tertuliano hecha los fundamentos de la teología trinitaria de la Iglesia latina. La fórmula de definir La Trinidad como “una naturaleza en tres personas” representa una adquisición definitiva contra el “monarquianismo” o el “modalismo”.

 

B - Las Batallas de Cipriano de Cartago (200/10-258)

 Activo entre los años 249-258. Cipriano se encontró guiando la comunidad de Cartago en un momento particularmente dramático de su historia.

 Convertido del paganismo, donde era “forastero de la verdad y de la luz”, en el que había recibido una refinada educación literaria, apenas elegido Obispo, vende sus bienes en favor de los pobres, dándose inmediatamente a una intensa actividad pastoral. En él emerge la figura suave del pastor de la comunidad, más que el teólogo o el polemista.

 Largos años de bonanza y la seguridad para la Iglesia habían multiplicado las conversiones, pero el aumento de los fieles no era seguido por la calidad de la vida cristiana; así, cuando se desencadenó la persecución ordenada por Decio se produjeron bastas y profundas laceraciones en el tejido de la comunidad cristiana. (Laxos y poseedores de libelos o certificados).

 Una vez pasada la tempestad, se expone en toda su gravedad el problema de readmitir a estos cristianos a la Iglesia Diversas tendencias se enfrentaron.

 Frente a tanta confusión, Cipriano interviene decididamente para restablecer la autoridad jerárquica del Obispo puesta en discusión y para dar la solución justa: una penitencia habría permitido a los apóstatas retornar a la Iglesia, “fuera de la cual no hay salvación para nadie”.

 Cipriano ilustra esta eclesiología en las dos obras más importantes: el “Tratado sobre los laxos” y el de la “Unidad de la Iglesia Católica”, en el que explica como la unidad de la Iglesia se funda sobre la unidad del cuerpo episcopal en comunión con la sede romana que aprobó a Cipriano, (el Obispo de Roma era Cornelio).

 

El Conflicto con Roma

 El obispo de Roma, Esteban, sostenía que los heréticos que deseaban entrar en la Iglesia, no debían ser nuevamente bautizados, siendo suficiente la imposición de las manos para el don del Espíritu Santo.

 Cipriano asume una actitud mucho más rígida que en el caso de los laxos, y en el nombre del principio de la absoluta necesidad para la salvación de adherirse completamente a la praxis sacramentalmente tradicional de la Iglesia.

 La tesis que prevalece en la práctica de la Iglesia es la de Esteban de Roma. Existe un sólo bautismo, instituido por Cristo, y el que bautiza, según la voluntad de Cristo, bautiza en forma válida.

 

 

El tema en cuestión es el de la Modalidad del primado de Roma.

 El primado en sí, no está en discusión en su extensión. Esteban obra bien, “pero en esta gran disputa, se puede entrever el peligro del particularismo de una parte y el autoritarismo de la otra”. J. Danielou.

Terminemos tratando de recapitular el pensamiento Cristiano del siglo III en dos palabras: La teología occidental es nueva, latina y jurídica, con tendencias filosóficas estoicas. El oriente permanece viejo, griego, místico y platónico.

 La disputa fue resuelta con el martirio de los dos contendientes. Cipriano muere mártir en el 258 durante la persecución de Valeriano, que fue la novena.

 Esteban, fue degollado en su silla en la Catacumba de Calixto el 2 de agosto del 257.

 


SEGUNDA PARTE

 

LOS PADRES DE LA IGLESIA EN EL IMPERIO CRISTIANO (Siglo IV-V)

 

I -  EUSEBIO DE CESÁREA en la conversión Constantiniana

  

A - Eusebio de Cesárea:

 El entusiasmo incondicionado por el primer emperador cristiano, alcanza en Eusebio los temas más elevados jamás superados, de una elaboración sin reservas, que toma forma literaria en la “Vida de Constantino”, y que en algunos puntos se ase­meja a la vida de un santo. Con esta obra, Eusebio se propone exaltar de manera encomiosa cómo se usaban en los panegíricos imperiales de la época, los méritos adquiridos por Constantino no tanto en las empresas políticas y militares, cuanto sobre todo en la obra de defensa y propagación de la religión Cristiana. La figura y la obra de Constantino son el centro de la especulación teológica y política de Eusebio que en él ve cumplirse la realización de un sueño largamente cultivado por las anteriores generaciones cristianas: la creación de un imperio Romano-Cristia­no en el cual la coincidencia del nacimiento de Cristo con el reino de Augusto recibiese pleno reconocimiento y adecuada valoración, como signo de la profunda identidad de intereses que une la Iglesia al imperio en la creación y en el mantenimiento de un nuevo orden de paz universal, de algún modo anticipador en esta tierra del reino escatológico de Dios.

 

1 - La primera historia de la Iglesia.

 Eusebio, que había vivido personalmente la experiencia dramática de la larga persecución (303-305) de Diocleciano, y había visto todos los inenarrables horrores de los cuales da noticia en un opúsculo sobre “Los Mártires en Palestina” evidente­mente no estaba en condiciones de entender con claridad el riesgo inevitable que existe en la nueva situación de abrazo demasiado estrecho, entre la Iglesia y el Imperio, un abrazo que a la larga será sofocante.

 A lo largo de su obra de teólogo, historiador y apologista, Eusebio se manifiesta como el ideólogo oficial de la nueva situación en la que se encuentra el cristianismo

 Su “Historia de la Iglesia” posee una importancia enorme por dos razones:

1) En sentido absoluto, inauguró un género literario completamente original y radicalmente diverso.

En “la Historia” de Eusebio se inspiraron todos los historiadores eclesiásticos que en los siglos de la tardía antigüedad y del alto medioevo se apoyaron en los hechos que han marcado la exposición del cristianismo dentro y fuera del imperio hasta la conversión de las naciones bárbaras.

La traducción latina, realizada por el gran traductor Rufino de Aquila, tendrá un gran éxito entre los escritores occidentales.

2) Introduce la gran novedad de citar directamente el pasaje más o menos extenso de pasajes originales:

La “Historia Eclesiástica” de Eusebio es como un gran mosaico de materiales precisos, es de lamentar que no haya citado con más generosidad y que las citas dependan de la óptica teológica o apologética de Eusebio.

 

2 - El Apologista y el Erudito

 Con estos límites objetivos, la “Historia de Eusebio”, queda como un monumento literario y religioso de valor insustituible. También en su gran apología escrita contra el paganismo; “Preparación Evangélica”, Eusebio abunda en citaciones de obras de filosofías antiguas, polemizando contra Porfirio, el temible adversario y crítico del cristianismo que había escrito 15 libros “Contra los cristianos”.

 En toda su infatigable actividad literaria, Eusebio demuestra ser esencialmente un buscador y estudioso de textos y un editor cuidadoso, la otra gran pasión de Eusebio fue la memoria de Orígenes, cuya biblioteca dejada en Cesare de Palestina, a él le sirve ampliamente. A la biografía completa, la única que poseemos, de Orígenes, Eusebio le dedica el sexto libro de la “Historia Eclesiástica” y junto con Ponfilo compone una “Apología para Orígenes”.

 Como teólogo Eusebio no alcanza una gran estatura, ni de lejos puede ser comparado con Orígenes. Estuvo unido a las tradiciones del cristianismo palestinense, y terminó por simpatizar con las doctrinas de un presbítero de Alejandría, Arrio, que en torno del 318-340 pone en peligro el mundo cristiano con su predicación, comprometiendo el gran edificio construido por Constantino sobre los pilares del Imperio Cristiano.

 

B - Atanasio entre la crisis arriana y el Origen del monaquismo

 

1 - Luces y sombras del siglo IV.

 La libertad conferida por Constantino en el 313 a la Iglesia representa una novedad absoluta cargada de consecuencias para la vida y la organización de la comunidad, y también para la producción literaria.

 En lo que se refiere a la jerarquía eclesiástica, se registra entre ella y las estructuras del imperio una serie de lazos muy intensos que no siempre fueron positivos, claros y correctos. Si los obispos obtienen beneficios, el emperador se siente revestido de una particular autoridad eclesiástica que lo motiva a convocar concilios ecuménicos, si bien en Nicea asistió en persona, tuvo una alocución en latín pero sin mezclarse en las negociaciones, “dejó la palabra a la presidencia del Concilio”. (Eusebio “Historia Eclesiástica”)

 Se registran más conversiones, pero no siempre auténticas. Peligro de mundanización del clero, confrontación y mayor separación entre las dos Romas en plano también de la comunión eclesial.

 Las energías sanas de la Iglesia reaccionaron vivamente frente a los riesgos y peligros que podrían comprometer los frutos luminosos de una libertad fatigosamen­te conquistada.

            Se intensifica y se profundiza la preparación de los catecúmenos que aspiran al bautismo; los obispos con sus instrucciones teológicas y litúrgicas, sus catequesis, en las basílicas que se levantan de Oriente a Occidente en el mundo cristiano. Muchos prefieren irse al desierto, que como se ha dicho, en otra época se puebla “como una ciudad”.

 Se registra una marcada actividad literaria. El monaquismo naciente se manifies­ta en diversas y sugestivas formas literarias, de los “dichos de los Padres”, a la “vida de los Santos eremitas” hasta las “reglas”; la lucha contra el paganismo, que todavía resiste.

            Pero el siglo IV ha visto sobre todo desarrollarse una larga y dolorosa contro­versia que se inicia en los años de Constantino y que impregnará las mejores energías intelectuales del tiempo: la crisis arriana.

 

2 - La crisis arriana y el Concilio de Nicea (20 de mayo al 25 de julio del 325)

 El presbítero Arrio de Alejandría da nombre al movimiento teológico que se llamará “Arrianismo”: tenía como fundamento afirmar que el Hijo no participa de la divinidad del Padre, sino que es subordinado al Padre; es solamente la primera y más grande creatura del Padre; pues “hubo un tiempo en el que no existía”.

 La predicación de Arrio soltó inmediatamente numerosas reacciones contrarias, pero también hubo posiciones favorables dentro del episcopado oriental. Era esta división la que había que superar en nombre de la unidad de la fe, y para Constantino en nombre de la unidad del imperio muy necesitado de la unidad del mundo Cristiano. Así el emperador convoca en Nicea, en Asia Menor, en el 325, el primer concilio ecuménico de la historia de la Iglesia.

 El papa reinante era San Silvestre I (314-335). En cuanto al número de Obispos que concurrieron a Nicea, está en discusión. Las opiniones van desde 300 a menos de 220 que son los que firmaron. Procedían fundamentalmente de Oriente, salvo Osio de Córdoba y los legados. También algunos historiadores afirman que Marcos de Calabria, Nicosio de Bié de las galas y Dommus de Stridon en la Panonia, partici­paron del Concilio.

En vísperas del concilio se perfilaban tres bandas teológicas que entrechocaron en la asamblea. El ortodoxo o tradicional en derredor de Alejandro de Alejandría y Marcelo de Ancira con el gran Osio y el diácono Atanasio, que ya se destaca como campeón de la fe.Su programa: es la intangibilidad de los dogmas tradicionales.

El Moderado, que admitiría la revisión de los símbolos, por antiguos y venerables que fuesen. Sus adeptos giran alrededor de los dos Eusebios, el de Nicomedia y el de Cesárea.

El partido francamente arriano, de unos veintidós obispos, que apoyan resueltos al heresiarca, durante el concilio y sus fluctuaciones, hay quienes ratifican y quienes disimulan su error.

En Nicea, el obispo de Arrio, y su acérrimo enemigo, Alejandro de Alejandría, logró hacer aprobar, sostenido por la autoridad indiscutida del emperador, la fórmula por la cual el Hijo es consustancial (homoousios) es decir, de la misma sustancia divina del Padre, generado, no creado por el Padre.

 Apenas terminado el Concilio, con la unanimidad al menos aparente de los Padres que habían participado, todo recomenzó como antes, peor que al comienzo: continuaron por varios decenios, interminables luchas entre fracciones, entre los defensores del credo Niceno y los arríanos, luchas complicadas por aversiones personales, incomprensiones, excomuniones y exilios. En todo este problema sobresale la figura de Atanasio que, simple diácono en el concilio de Nicea, será tres años más tarde, en el 328, Obispo de Alejandría, erigiéndose en campeón de la lucha sin cuartel en defensa de la ortodoxia “Nicena”.

 

3 - Atanasio, el luchador de la Fe.

 Atanasio había demostrado su capacidad de trabajo y apologista en una obra juvenil “Discurso contra los paganos”, “Sobre la encarnación del Verbo” en las que aparece el concepto que será el fundamento de todo el desarrollo posterior de su cristología y de su espiritualidad: que solo la encarnación del Verbo divino habría podido redimir a la humanidad caída a causa del pecado original.

            Atanasio ha dedicado el resto de su actividad literaria casi completamente a combatir, con intenciones fundamentalmente pastorales la herejía arriana; El principio: La negación de la divinidad del Hijo, compromete el verdadero signifi­cado salvífico de la encarnación.

 

Obras:

“Discurso contra los arríanos” e “Historia de los arríanos”.

 Pacomio lo llama “padre de la verdadera fe cristiana”, pero él no se preocupó tanto de profundizar conceptualmente el dato revelado, sino en defender los puntos fundamentales de la doctrina recibida: más que teólogo  es pastor y hombre de Iglesia. Toda su vida fue una profesión de fe y esto le costó caro, ya que de 46 años de episcopado, fue obligado a pasar 20 años en exilio, y por 5 veces debe abandonar Alejandría, en una época en que los herederos de Constantino no escondían su simpatía y su apoyo al partido arriano.

 

4 - Los orígenes del monaquismo.

 En uno de estos forzados exilios, Atanasio, en camino hacia Oriente, pasó por la Iglesia Septentrional, por Aquileia y Padova. Pero más frecuentemente encontró refugio en el desierto Egipcio donde es acogido por una extraña población que estaba compuesta por monjes (Monachos = Solitario).

 Ya a fines del. Siglo III los desolados páramos del desierto egipcio, lugar de serpientes y escorpiones, había comenzado a poblarse de hombres y mujeres que huían de las ciudades en búsqueda del camino de salvación de un mundo en que la vida era particularmente difícil y violenta. Se llamaban eremitas (eremos = desierto) aquellos que afrontaban la dura lucha de la vida solitaria (anacoretas =retirarse).

  Muy pronto comenzaron a organizarse en forma de vida monástica llamada ceno­bítica (Koinos = común y bios = vida) vida en común. El verdadero creador del snobismo fue el egipcio Pacomio (halcón del rey o esa gran águila) (ccmm, 116,119, 121) que escribe una regla para su comunidad. Pero la atención fue dirigida al campeón de la vida eremítica: San Antonio, sobre el cual, Atanasio escribe su vida inmediatamente después de su muerte (357).

 Esta “Vida de San Antonio” es una obra de importancia verdaderamente extraordi­naria. Tiene una rápida difusión y fue traducida muy pronto al latín. Influirá también en la conversión de San Agustín. La vida de San Antonio, puede ser considera­da la iniciadora de un verdadero género literario nuevo, precedida en el ámbito cristiano solamente por la “Vida de Cipriano” (258).

 Antonio se muestra sensible también hacia la incipiente forma de ascetismo femenino. Es famosa su “Carta a las Vírgenes”,  la que  recordará Ambrosio algunos decenios después.

 

 

 

5 - Política y Teología

 Terminadas las persecuciones por parte del poder imperial, los monjes se presentan a la sociedad, como los nuevos luchadores de la fe y por lo tanto como los legítimos herederos y continuadores de los mártires de los siglos anteriores.

 La propaganda que Atanasio realizó del movimiento monástico, en el curso de sus exilios a occidente y después mediante la “Vita Antonii”, tiene un resultado sorprendente en la segunda mitad del siglo IV. Todo el cristianismo siente el benéfico influjo de esta acción en favor de los ideales monásticos, y también en occidente se multiplican las experiencias modeladas en el ejemplo de los monjes de Egipto. También el clero siente la atracción del monaquismo: comienza a tomar forma comunitaria la vida de los sacerdotes que llevan vida en común según los modelos del monaquismo cenobítico, y cada vez más seguido ocupan las cátedras episcopales hombres de formación y de cultura monástica, es decir, obispos monjes. (Ej. Serapión, Obispo de Thomuis en Egipto, había sido monje, amigo de Antonio y de Atanasio, quien le envía las famosas cartas, en las cuales enuncia claramente el principio de la divinidad del Espíritu Santo).

 Naturalmente Antonio, héroe de la vida monástica, y también un campeón de la ortodoxia nicena,  determinó la preferencia de Atanasio por el movimien­to monástico.

 Defensa de la ortodoxia contra el arrianismo y la difusión de la experiencia monástica van juntas en la acción de Atanasio. Se agrega que, mientras el arrianismo se configura siempre  como la figura “imperial”del cristianismo, abierto a las sugerencias de la mundanización y del compromiso inaugurado por la conversión de Constantino, el monaquismo encarnaba las aspiraciones más profundas de conservar los valores trascendentes del cristianismo.

 La lucha por la fe, de Nicea, se colocaba objetivamente en el plano de la lucha en defensa del carácter no político de la religión, representada por la experiencia monástica en todas sus manifestaciones.

 Todo esto no quita que la necesidad de una definición teológica ulterior, fuese necesaria para llegar a disolver las dificultades interpretativas todavía presentes en la fórmula de Nicea: particularmente, profundizando tal fórmula, se necesitaba cla­rificar mejor la relación entre el Padre y el Hijo, de modo que, más allá de la identidad de la sustancia divina, se reconociese también la distinción de las personas.

 Finalmente se sentía también la necesidad de afrontar con profundidad el problema de la divinidad de la tercera Persona, impostada por Atanasio en las cortes de Serapione, pero todavía no resuelta en la conciencia critica de la teología del tiempo.

 Pero en la resolución de estas cuestiones echaron mano los Padres Capadocios, Basilio de Cesárea, Gregorio Nacianceno, y Gregorio de Nisa, las tres luminarias de la Iglesia Griega en la segunda mitad del siglo IV.

 

6 - Defensa de la libertad de la Iglesia

 El siglo IV se caracteriza por la lucha de la libertad de la Iglesia frente al estado: La Iglesia y los obispos toman conciencia de estar sujetos por una tutela imperial que tiene poca consideración por los valores supremos de la fe en Cristo.

 Atanasio es uno de los grandes defensores de la ortodoxia y de la libertad de la Iglesia frente a las pretensiones del emperador Constancio, personificación de la dominación estatal sobre la Iglesia, que persigue despiadadamente la política de la uniformidad religiosa en favor del arrianismo. Lo violento de la lucha de Atanasio, aparece en la discusión entre el papa Liberio y el emperador Constancio ocurrida en Milán en el 355, y cuyo texto estimogréfico llegó hasta nosotros. (“Libertad de la Iglesia en Occidente”, Pág. 116)

 Por orden imperial del papa Liberio es conducido a Milán. Por primera vez en la historia de la Iglesia, un papa está delante del tribunal de un emperador cristiano, personalmente presente. Ningún documento podría haber testimoniado con más realismo que cosa estaba en juego. En el momento más grande de su vida, el Papa es verdaderamente el abogado de la libertad en toda la tierra.

 

II- LOS PADRES CAPADOCIOS “Entre el humanismo y ascetismo”.

 

 Tres años después de Nicea, el emperador Constantino se inclina hacia el arrianismo y llama a los arríanos exiliados, y al parecer muere arriano. Sus suceso­res orientales permanecen fieles a este cambio de dirección o vuelta de espaldas a Nicea.

Lo que sucedió queda expresado en la frase lapidaria de San Jerónimo: “El mundo entero gime al descubrirse arriano”.

 Muerto el último emperador arriano, comienza la lucha que llevan adelante en focos de la ortodoxia los tres grandes Capadocios que encuentran un aliado en el nuevo emperador: Teodosio, que es Español y un leal sostenedor occidental del homoousios Niceno, y lo impone en todo Oriente (preparado por los capadocios).

            El Concilio I de Constantinopla (381) une el Oriente y el Occidente en la ortodoxia Nicena. El arrianismo cae moribundo. El siglo IV termina y la Iglesia está de nuevo pacificada.

 

 Los tres grandes Capadocios

Son Basilio Magno, su amigo Gregorio Nacianceno, y su hermano Gregorio de Nisa. (Ver “Patres Ecclesiae” en L’0bs.Romano(49).27/II/80)

 

A - Basilio Magno (330-379)

 Es obispo de Cesárea de Capadocia en el 370, su actividad se desarro­lla en tres direcciones.

a) -La actividad social en favor de los pobres. Su lucha le llevará a fundar una especie de ciudad, refugios llamados “Basiliade”.

b) - La organización de la vida monástica Es autor de dos reglas monásticas muy rígidas y severas. Basilio puede ser considerado el verdadero fundador del monaquismo griego, que es “Cenobítico”.

c) -Manifiesta su gran inteligencia especulativa, en la teología y en la política eclesiástica. Convencido adversario del arrianismo. Su muerte  en el 379 antes de los 50 años, no le permitió asistir personalmente al triunfo de política y de su doctrina en el Concilio I de Constantinopla en el 381.

Sus obras: “Contra Eunomio” y “Sobre el Espíritu Santo”, donde el espíritu viene también definido como Persona divina.

 Humanista abierto a lo positivo de la cultura clásica de los antiguos griegos, en este sentido su obra es: “A los jóvenes, sobre el modo de obtener ventajas de los clásicos”. Fue también un reformador litúrgico que generó la llamada “Liturgia de San Basilio”.

 

B - Gregorio Nacianceno (330-390)

 Es el segundo de los grandes Capadocios, es apodado “el Teó­logo” a causa del estilo elocuente de sus discursos doctrinales Delicado, quizás no del todo equilibrado psicológicamente, llevó vida monástica por breve tiempo bajo la guía de su gran amigo Basilio el grande. Fue incapaz de tener bajo control la turbulenta sede de Constantinopla (380-381). De cualquier manera fue un gran maestro de la lengua y la literatura griega, un eficaz predicador de la ortodoxia y un verdadero líder de la polémica antiapolinarista.

 Presidió el Concilio I de Constantinopla (381), donde presenció el triunfo de su amigo Basilio.

 

C - San Gregorio de Nisa (332-394)

 Era el hermano menor de Basilio y el tercero de los grandes Capadocios. Fue el espíritu más sensible de la Iglesia patrística, el cerebro, quizás del grupo.

 Heredero del pensamiento de Orígenes, fue el único filósofo especulativo y verdaderamente original entre los Padres de la edad de oro en Oriente. Fue un místico, y como el otro Gregorio, un feroz adversario de los apolinaristas. Además echaba en cara a los arríanos el bajo nivel de la discusión, haciendo el problema teológico, una charla de café.

Obras: “Sobre la Creación del Hombre”, “Grandes Discursos Catequéticos”, “Sobre el Alma y la Resurrección”, “Sobre la Virginidad”.

Por último el arrianismo sobrevivirá solamente entre los bárbaros (godos) pues habían sido evangelizados por el obispo arriano Ulfila, cuando los godos invadieron las provincias occidentales del imperio (410). Reaparece el arrianismo y se necesitarían un par de siglos para que desaparezca definitivamente. (Alarico 410)- Ataulfo, se casa con Gala Placidia,  WaIia funda el reino Visigodo (415-419), se suceden otros reyes, hasta que con la conversión de Recareda (589), por influjo de San Leandro de Sevilla, así España abrazó definitivamente el catolicismo.

 El emperador Teodosio I el grande, había proclamado, con el “Edicto de Teodosio” (380), al cristianismo, religión oficial del Estado, registrándose así un salto de cualidad respecto del reconocimiento de la libertad de la Iglesia por Constantino en el 313. Ahora la Iglesia es “Iglesia del Estado”.

Peligros: - en Oriente = el cesaropapismo

- en Occidente = la teocracia

Mauro Matthei: “Itinerario y tiempo de Juan Casiano” (365-435). En Cuadernos Monásti­cos 100. (1992) 7.

Jeans Danielou: “San Juan Casiano y sus Maestros Orientales”. Cuadernos Monásticos 101 (1992) 201.

 

III- TRES PADRES OCCIDENTALES: Hilario - Ambrosio - Jerónimo

 

A - Hilario de Poitiers

 Antes del exilio fue el primero en luchar contra el arrianismo. Convertido del paganismo, es elegido Obispo. Su vida se divide prácticamente en dos partes marcadas por su exilio en Asia menor a la que el emperador filoarriano (Constanzo), lo envió entre el 356 – 360. En este tiempo tomó contacto con las disputas arrianas, que hasta ese momento no habían tocado a Occidente y que incendiaban a Oriente desde hacia 40 años.

 Antes del exilio se había dedicado al pastoreo y a la predicación. De esta época es el “Comentario del evangelio de San Mateo”.

 El exilio marcó sustancialmente a Hilario, pues, entra en contacto directo con los protagonistas y con el lenguaje teológico de la controversia arriana oriental que lo lleva a escribir el poderoso tratado “Sobre la Trinidad” en doce libros. Es la primera gran obra sistemática escrita sobre el tema en Occidente, por su valor especulativo es semejante solamente a la homónima de San Agustín.

 De regreso a Occidente, lucha contra la resistencia arriana en Galia y en Italia Septentrional.

Protege  a Martín, el primer gran asceta de la Galia Romana que será obispo en Tours, inaugurando en Occidente la serie de obispos de tradición maniática u obispos-monjes. Sulpicio Severo escribió la “Vida de San Martín” en el 397.

 

B - Ambrosio de Milán (340-397)

 Hijo de una de las familias más ricas y potentes del Imperio, dirigirá su vida hacia la carrera administrativa, después de haber cumplido y completado sus estudios En el 370 era ya gobernador de Alta Italia, con sede en Milán. En esta ciudad, después de la muerte del obispo arriano Ausencio, Ambrosio es elegido obispo por voluntad popular el 7-XII-374 sin haber sido bautizado, se pone a estudiar las Sagradas Escrituras y Los Padres durante tres años. Su primera obra: “Las Vírgenes” (377), demuestra su cultura teológica y espiritual.

 Defensor de los pobres y de la libertad de la Iglesia. Esto lo lleva a imponer penitencia pública a Teodosio el grande, en el 390, por haber dado orden de masacrar a 70.000 habitantes de Tesalónica como punición por una revuelta contra los legítimos representantes del poder.

 Hizo de todo para que fuera quitada de la curia senatorial de Roma la estatua de la Victoria, símbolo de la resistencia de la aristocracia senatorial pagana en el Imperio que ya era oficialmente cristiano (384).

 Contribuyó activamente a demoler los últimos bastiones del arrianismo después del I Concilio de Constantinopla.

 De los siete Padres de la edad de oro, fue el único no-monje, si bien hizo que el monaquismo de estilo oriental se desarrollara florecientemente en torno a él en Milán.

 Junto CON Jerónimo, Agustín y Gregorio Magno, es uno de los cuatro grandes doctores de la Iglesia Latina (egregii doctores).

 Organizó la liturgia (liturgia Ambrosiana) y la disciplina de la Iglesia Milanesa.

 

C - Jerónimo (347-420)

 La vida de Jerónimo fue toda una constelación de controversias, contra los detractores de la virginidad y de los ideales monásticos, contra los pelagianos, contra los origenistas, pasando de ser admirador de Orígenes a ser detractor, también de Rufino de Aquileia de una manera tan indecente que toda la cristiandad se escandalizó, hasta el mismo S. Agustín.

 Vivió un período de experiencia monástica en el desierto de Siria donde profundizó el estudio de la Sagrada Escritura y se adueñó magistralmente del uso del griego, el hebreo y el latín, hasta el punto de ser considerado el único individuo trilingüe de todo el Imperio.

 En Roma se transformó en el guía espiritual de la aristocracia femenina y entró como secretario del papa Dámaso, recogiendo la invitación de iniciar la traducción de la Biblia al latín, trabajo que le llevará el resto de sus días, siendo el autor de la Vulgata Latina que es todavía hoy la edición oficial de la Iglesia latina.

 De los Padres de la edad de oro, Jerónimo fue el único en no ser investido del orden episcopal.

 Sus intereses paralelamente eruditos y filosóficos lo llevaron a traducir la “Crónica” de Eusebio que quedará como referente para toda la especulación cronográfica e histórica del Medioevo latino, y también una obra “Sobre hombres Ilustres”, una galería de medallones conteniendo retratos y noticias sobre los antiguos escritos cristianos de Pedro, hasta él mismo. Se trata de la primera tentativa sistemática de escribir una “Patrología”.

 Es reconocido como el maestro de las ciencias bíblicas Después de Orígenes, es el verdadero fundador al que se remite también San Agustín que es el más grande representante de la Patrología Latina y uno de los genios más elevados de la historia de la humanidad.

 

IV- LOS PADRES DE LA EDAD DE ORO

 

A - AGUSTÍN DE HIPONA. El genio al servicio de la fe. (354-430)(ccmm 80)

 

1 - La conversión de Agustín.

 La obra y la personalidad de Agustín no pueden ser fácilmente explicadas en el curso de una clase. Nos limitaremos a asumir y reunir los aspectos salientes de una y de otra.

 Nace en el 354 en Tagaste en Numidia (hoy África). Su madre fervorosa católica y santa mujer, Sta. Mónica. Él se relaciona y sigue al maniqueismo en la búsqueda de una verdad religiosa que lo satisfaga completamente. Por nueve años fue parte de una secta, hasta que entra en crisis y cae en un agudo escepticismo del cual nada lo podía hacer salir, ni los amores desordenados de la juventud, ni los primeros entusiasmos por la filosofía suscitados de la lectura de Cicerón.

 No queda otro camino que la ambición por la carrera y los honores públicos, para poder dar un sentido a su vida, cuya inteligencia aguda y la basta cultura humanista prometían fáciles éxitos mundanos. De Cartago, a Roma, de allí a Milán donde la predicación de Ambrosio hace comprender a Agustín el Antiguo Testamento cuya lengua inferior frente al latín clásico de Cicerón, había suscitado en él un invencible sentido de repugnancia.

 Otra dificultad, típica del maniqueismo  Agustín logró superarLA en Milán, gracias sobre todo al aporte de la filosofía neoplatónica (Potino, Porfirio)  Los maniqueos  concebía el mal como una sustancia autónoma, un principio contrario al principio del bien que es Dios, y no en realidad una falta, una deficiencia del bien que es la única realidad existente.

 Superadas las últimas deficiencias psicológicas, sumado a la lectura de la “Vita Antoni” que lo llevó hacia los ideales de la vida monástica, y a la lectura de la “Carta a los Romanos” que le reveló los secretos de la gracia divina, Agustín, después de un período de meditación y retiro, recibe el bautismo de las manos de Ambrosio en la noche de Pascua del 387.

 De regreso a África -su madre Mónica había muerto en Ostia cuando regresaban- Agustín abraza la vida monástica junto con algunos amigos con los que crea un cenáculo de intensa vida comunitaria, religiosa, e intelectual.

 La forma es tal que el Obispo de Hipona, Valerio, lo consagra sacerdote y le confía el ministerio de la predicación. Después de cinco años, en el 396, Agustín le sucede en la cátedra episcopal donde permanecerá hasta su muerte en el 430, mientras los vándalos asediaban la ciudad.

 

2 - El doctor de la gracia.

 Sobre el pensamiento y la vida de Agustín estamos bien informados gracias no sólo a su vida, escrita por su amigo Possidio, obispo también, sino por el mismo Agustín, por su obra literaria, quizás segundo por su creatividad, a Orígenes.

 El decenio que va de su conversión a la elección episcopal (386-396), el así llamado “decenio de preparación”, culmina con la presentación de “Confesiones” en 13 libros (397), una especie de autobiografía, muy rica en noticia sobre la vida interna, pero sobre todo en la dinámica de la conversión que había acompañado la atormentada búsqueda de Dios desde su juventud.

 En esta obra, que se encuentra entre las grandes obras de la literatura univer­sal, Agustín, “confiesa” su pasado pecaminoso, su impotencia moral, y al mismo tiempo “confiesa”, con una constante acción de gracias que se resuelve en oración salomónica y en alabanza litúrgica, la potencia y la misericordia de Dios que lo ha salvado del pecado, sacándolo del mismo y llevándolo hacia la redención.

 Toda la vida de Agustín viene planteada a la luz de esta experiencia de elección y de predestinación por obra de la gracia insondable de Dios.

 No es casual que a San Agustín se le llame “doctor de la Gracia”. Esto que había sido, de hecho, una intuición personal, dictadas por experiencias religiosas, se transformó por el conflicto teológico con los pelagianos a partir del 412. Será la controversia más larga y fatigosa de Agustín, en la que invertirá hasta la muerte, sus convicciones más profundas y dolorosas.

 Pelagio era un docto monje británico con una gran fama de maestro espiritual. Su predicación rígidamente ascética lo había conducido a subrayar con demasiado vigor el valor de la libertad humana y la capacidad natural de la voluntad para la salvación. Según él Adán, habría dado un mal ejemplo, y los hombres, aún después del pecado original, son todavía sustancialmente capaces de auto determinarse natural­mente en el camino del bien y del mal.

 Agustín, no cesará de reconocer en estas afirmaciones pelagianas, la fundamental negación de la gracia divina, que salva, sólo ella, sin ningún mérito de parte del hombre. Para Agustín, toda la humanidad, después del pecado original, está sometida a una Justa condena, y solamente la misteriosa gracia de Dios interviene para la salvación.

 

3 - EL Pastor de Almas.

 A lo largo de su prolongada actividad en Hipona, Agustín debe afrontar dos peligrosas herejías: El maniqueísmo, al cual él mismo había pertenecido. Se presentaba muy atrayente con un elaborado sistema doctrinal y con una moral ascética severa. Lo combatió con una nutrida serie de trabajos y de disputas públicas con los represen­tantes del movimiento, utilizando los argumentos antimaniqueos tomados de la escuela de los filósofos neoplatónicos y de Ambrosio, que le habían ayudado a superar su etapa maniquea.

 El mal, sostiene Agustín, es la falta de bien y  el Antiguo Testamento es parte integrante de la Sagrada Escritura y constituye una unidad armónica con la revelación del Nuevo Testamento.

 Fue más delicada la controversia donatista, movimiento que ya desde hacía un siglo agitaba la vida de la cristiandad africana, con graves implicancias sociales y políticas.

Los donatístas,  toman el nombre del obispo Donato, que se había alejado de la Iglesia Católica, considerada por él como muy unida al poder imperial de Roma y  de la civilización latina, sustancialmente extraña a la cultura de las poblaciones africanas locales. Después de las persecuciones de Diocleciano, ellos se habían declarado en contra de la readmisión de los obispos que habían dado a los policías los libros sagrados.

 Según ellos la Iglesia debe ser una sociedad perpetua de santos y los sacramen­tos administrados por sacerdotes indignos pierden validez.

 Estaba en Juego la eclesiología y una doctrina de los sacramentos que no podía dejar indiferente a San Agustín. Sus argumentos de alto nivel, nada logran, y su doctrina de la gracia ofrecían respuestas precisas y definitivas: si en los sacramentos actúa la gracia de Dios, para nada influye sobre su vitalidad la mayor o menor dignidad del ministro, solo será ineficaz para aquel que lo recibe indigna­mente.

 Finalmente Agustín, aceptó la intervención imperial que pone fin al cisma donatista en la conferencia de Cartago en el 411: el hecho que Agustín haya, en condiciones extremas, reconocido la legitimidad y la bondad de la “coerción” reli­giosa, como también el derecho de combatir la guerra “Justa” para defenderse de los bárbaros, es un signo de la dureza de los tiempos en que vivió Agustín.

 Fueron muy unidos el cuidado por la doctrina y la actividad pastoral. Intervino activamente en la actividad litúrgica de la Iglesia y con su rica correspondencia epistolar hace sentir su autorizada voz en todas las direcciones. Con los sacerdotes en Hipona vive monásticamente, ejercitando con los demás la virtud de la humildad. (Van der Meer: “San Agustín, pastor de almas”)

 

4 - Obras:

“Las Confesiones

“Sobre la trinidad”:

Representa el factor más maduro del pensamiento cristiano de la antigüedad sobre el problema que había lacerado todo el siglo IV.

            “La Ciudad de Dios”

En la cumbre de su ministerio episcopal,  en el 410, ocurrió algo que llenó de pánico los corazones de los habitantes del Imperio: Roma, ciudad eterna, había sido saqueada por los visigodos de Alarico. Cristianos y paganos provocaron los mismos sentimientos de Agustín, pero estos últimos aprove­charon la situación para recomenzar a atacar a los cristianos acusándolos de ser los causantes del desastre por haber inducido a los emperadores al abandono de los antiguos dioses y estos de proteger la ciudad. La objeción era sutil, porque muchos autores cristianos habían constituido la apología de su fe sobre la constatación y la promesa que la suerte del imperio estaría asegurada si era fiel al cristianismo. Ahora la dramática experiencia, parecía desmentir aquella teología política.

 La respuesta viene de la infatigable pluma de Agustín que para hacer frente a las críticas de los paganos, compone la más amplia apología del cristianismo que la antigüedad nos legara, los 22 libros de la “Ciudad de Dios”.

 San Agustín trata de demostrar dos cosas:

1)  El paganismo había agotado todas sus potencialidades históricas, tanto en el plano de la organización social y religiosa, como en el plano de la cultura y de la filosofía.

2)  El cristianismo no estaba unido a ninguna estructura terrena, ni siquiera al Imperio cristiano, pues tiene fines universales y trascendentes.

 Toda la historia humana aparece así como el campo de batalla de las dos ciudades contrapuestas, aquella la del diablo, compuesta por los que se aman a sí mismo a tal punto de despreciar a Dios, y aquella de Dios, compuesta de los que aman  hasta el punto de despreciarse a sí mismos. Solamente al fin, con el juicio univer­sal será instaurada la paz definitiva con el triunfo de la ciudad de Dios.

 Con esta obra monumental, que amplía sobre nuevas bases históricas y teológicas, el primer intento de Ireneo de Lyon de una “Teología de la Historia”, Agustín mostraba el camino a seguir que implicaba el abandono de todos aquellos sueños, según los cuales habría sido posible construir una perfecta sociedad cristiana en la tierra, quizás con la ayuda del emperador cristiano.

 

5 - Fin de la Cultura Antigua

 Agustín muere mientras los bárbaros están asediando a Hipona. En realidad, más que una muerte es una transformación de la que Agustín tuvo mucho que ver.

 Él, que gracias a la profana cultura clásica, especialmente latina, había sabido traducir las exigencias de la nueva sociedad cristiana y de la cultura, poniendo los fundamentos del edificio medieval que ha reconocido la paternidad de Agustín, con él entramos en el fin de la cultura antigua y en el surgir de una cultura que se quiere cristiana, bíblica y patrística.

 La gigantesca personalidad de Agustín hace que pertenezca a la cultura humana.

 

B - San Juan Crisóstomo

 Juan “boca de oro” es considerado como el más célebre predicador de la Iglesia Antigua y con razón, es el único de los antiguos que con su expresión viva, llega inmediatamente al corazón también del hombre moderno

.Nace en Antioquía en el año 344 o poco después; en el año 372 recibe el bautismo.

Su madre se llamó Antufa y sus maestros fueron Diodoro de Tarso y Teodoro de Mopsuestia.

 Después Juan se retira a los montes y pasó cuatro años bajo la guía de un monje; por dos años se da a la vida eremítica pero una seria enfermedad lo obliga a volver a Antioquía.

 En el año 381 fue ordenado diácono; en el 386 es ordenado presbítero.

En los doce años siguientes, su fama de predicador se difunde tanto, que en el año 397, por orden del emperador Arcadio fue destinado a suceder al difunto patriarca Nettario de Constantinopla, y el patriarca Teófilo de Alejandría se sintió obligado, no obstante su oposición, a consagrarlo obispo.

 Pero por sus valientes denuncias y amonestaciones, Crisóstomo pronto se granjeó el malestar y la antipatía de la emperatriz Eudosia y del patriarca Teófilo, a quien desagradaba ver un Antioqueno en la sede episcopal de la capital (Constantinopla), logrando crear en torno a él una oscura intriga. Así en el año 402, Teófilo, llegó a la capital para responder a una acusación de los monjes egipcios, reuniendo treinta y seis obispos y se realizó el Concilio llamado “de la encina” (402-403), en el que Crisóstomo es declarado depuesto.

 El emperador apoya esta sentencia y envió al incómodo predicador al exilio. Pronto debió llamarlo para calmar la agitación del pueblo; pero  surgieron luchas y desacuerdos entre los seguidores y los opositores de Crisóstomo.

 Una tentativa de deponerlo mediante un sínodo falló y finalmente el emperador lo exilió por segunda vez a Cúcuso de Armenia (404). Pero desde allí Juan Crisóstomo podía mantener relaciones con sus amigos de Constantinopla y de Antioquía, y por esto Teófilo logró que sea transferido a Pitionte (Pitsunda), en las costas orientales del Mar Negro.

 Pero por los sufrimientos del viaje, Crisóstomo murió en Comana en el Ponto, en el año 407.

 

 


CONCLUSIÓN:

Rasgos Generales de los Padres de La Edad de Oro:

 

  1. Nacen y crecen como cristianos, a diferencia de sus predecesores de los siglos anteriores.
  2. Provienen de la alta sociedad romana.
  3. Recibieron la formación escolástica clásica de su clase.
  4. Fueron notablemente influidos al menos por una madre o una hermana.
  5. Tuvieron una carga secular, generalmente como maestros.
  6. Se convirtieron hacia los 30 años.
  7. Asumieron la vida monástica.
  8. Abandonaron la vida monástica para servir a la Iglesia ocupando una sede episco­pal
  9. Fueron grandes pensadores religiosos, y sus escritos (muchos pronunciados oralmen­te) ricos de contenidos dogmáticos y de comentarios del texto bíblico son de he­cho titulados “Contra”...alguien.
  10. Fueron custodios pastorales de la ortodoxia nicena, mucho más que iniciadores de nuevas corrientes de pensamiento cristiano.

 

Dice Harrou: “los Padres de la Iglesia del IV siglo e inicio del V, representan un monumento de particular y precioso equilibrio entre, de una parte, la antigua herencia todavía no decadente y perfectamente asimilada y, de otra parte, una inspiración cristiana que ya alcanza una perfecta madurez”.

 

 

                                                           A.M.G.D.

 

 

 

 

 

INDICE

 

INTRODUCCIÓN A LA PATROLOGÍA

 

A - Premisas

1. Quienes son los Padres de la Iglesia

2. La Literatura patrística

3. Geografía patrística

4. Trabajos y Colecciones de Patrología

5. Los Padres de la Iglesia en la cultura Contemporánea

6. El Estudio de los Padres

 

 

PRIMERA PARTE

 

Los Padres de la Iglesia en la edad de las persecuciones

 

I - Los Padres Apostólicos Directos continuadores de la obra de los Apóstoles

A - Las Primeras Persecuciones y el Gnosticismo

B - San Clemente Romano

C - La Didajé

D - La Carta a Bernabé

E - El Pastor de Hermas

F - San Ignacio de Antioquia

G - San Policarpo de Esmirna

 

II - Los Padres Apologistas dan razón de su propia fe

A - San Justino Mártir

B - La Apología a Diogneto

 

III - La Reacción Antiagnóstica y la Defensa de la Tradición

A - Ireneo de Lyón

B - Hipólito de Roma

 

IV - La Escuela de Alejandría Encuentro entre fe y cultura

A - Orígenes

 

V - Los Inicios de la Literatura Cristiana en la Lengua Latina

A - Tertuliano

B - Las Batallas de Cipriano de Cartago

 

 

SEGUNDA PARTE

 

Los Padres de la Iglesia en el Imperio Cristiano

 

I - Eusebio de Cesárea

A - Eusebio de Cesárea

B - Atanasio entre la Crisis Arriana y el Origen del Monaquismo

 

II - Los Padres Capadocios “Entre humanismo y ascetismo”

A - Basilio Magno

B - Gregorio Nacianceno

C - San Gregorio de Niza

 

III - Tres Padres Occidentales

A - Hilario de Poitiers

B - Ambrosio de Milán

C - Jerónimo

 

IV - LOS PADRES DE LA EDAD DE ORO

A - Agustín de Hipona

B - San Juan Crisóstomo

 

CONCLUSIÓN